FELIPE ARMENDÁRIZ
Lo peor que le puede pasar a un Gobierno es su distanciamiento de la ciudadanía, un mal que está aquejando con gran intensidad al Govern.
El president es muy libre de destituir y renovar conselleres y en esta crisis, especialmente con Leciñena, razones no faltaban para los cambios. Sin embargo, Francesc Antich dio ayer por la tarde la impresión de un político alejado de la realidad, ensimismado en sus cuitas palaciegas y contagiado de un lastrante espíritu burocrático que no produce apenas beneficio para el resto de la sociedad.
El president no se atrevió a renovar otras consellerias, especialmente Turismo, donde Miquel Nadal se le coló de tapadillo. Nadal, al margen de su peculiar manera de entender la política, puede ser un lastre para el Govern si avanzan las dos causas judiciales por presunta corrupción que se siguen contra él.
Sobre los cambios, Galmés, a la que Antich ha hecho el feo de dejarle inaugurar un nuevo curso escolar y expulsarla al segundo día de clase, se había ganado más de una enemistad en un ámbito, donde, en aras al presente y al futuro, convendría un mayor consenso entre el sector público y los centros concertados.
Leciñena, de trato arisco, no se ha distinguido por ningún logro y, por contra, ha protagonizado algunos episodios chuscos y cutres.