Remodelación de Govern. La justicia o la duplicidad de competencias forzarÁn nuevos cambios
MATEU FERRER. PALMA.
La remodelación del Govern llegó ayer tras exceder con creces la fecha de caducidad, y con menor alcance del esperado. Francesc Antich tenía previsto acometerla en abril, según sus más estrechos colaboradores en el partido. Sin embargo, la indecisión del presidente –uno de los principales rasgos de su carácter– le llevó a postergarla día sí y día también. Cuando se dio cuenta, los acontecimientos le habían dejado en fuera de juego: en UM se fraguaba un golpe de Estado contra Miquel Nadal; Antich forzosamente tenía que esperar si de paso le libraban del mal trago de tener que destituir al conseller de Turismo. Salvó el cargo, pero hoy su continuidad sigue estando en el aire.
En Madrid, los suyos estaban dispuestos a hacerle un traje con la nueva financiación autonómica, pero Antich sabía que no podía permitírselo. Tuvo que emplearse a fondo –con la sola ayuda de Carles Manera, a veces más economista que político– para salvar los muebles. En eso que ETA se ceba con Mallorca, y deja al presidente noqueado. Para terminar el verano, al socialista se le echó encima la negociación de los presupuestos con sus socios de UM y el Bloc, otro viacrucis aún sin salida.
Hacía meses que las críticas del sector educativo por la gestión de Bàrbara Galmés inundaban el Consolat de Mar. Al principio Antich desoyó las quejas –no le importaba en demasía que Barita, como la llaman no solo los amigos, fuera una fashion victim, mientras trabajase bien–. Pero la profesora de instituto no ha sabido ganarse a su gremio, en Cultura tampoco ha destacado, y tenía los días contados. "Xisco, el inicio de curso no es el mejor momento para deshacerte de ella", le recomendaron en el staff del PSOE. Pero en cambios de consellers, Antich parece que decide solo con la almohada, y nada más comprobar que el retorno a las aulas no fue la catástrofe esperada, Galmés ha tenido que coger los bártulos. La ya ex consellera cenaba el domingo entre amigos –berenjenas rellenas, lengua con alcaparras y otros manjares del país–, y nadie sospechó que ya estaba con los dos pies fuera. "Se lo he comunicado a las dos esta misma mañana", aseguró ante la prensa el presidente.
En cuanto a María Ángeles Leciñena, estaba sentenciada desde que plantó cara al clan de los ibicencos, los Costa y los Tarrés. La hasta ayer consellera de Interior pugnó contra el presidente del Consell de Eivissa cuando el congreso insular del PSOE, intentando presentar una candidatura alternativa al propio Xicu Tarrés, quien precisamente había sido su valedor para el cargo, de modo que pagó cara su osadía. Leciñena ha cometido otros fallos garrafales ya como consellera, como el nombramiento de Cristina Ferrer al frente de Emergencias, que tuvo que rectificar, pero su cabeza ha rodado al ser derrotada por los autóctonos de la isla vecina. Por si hubiera alguna duda, reparen en su sustituta, la decidida Pilar Costa, otra contrincante en Palma para Francina Armengol –recuerden a la menorquina Joana Barceló–, y la cuota ibicenca de nuevo cubierta.
La intención inicial de Antich era acometer una remodelación más amplia. Cuando Galmés y Leciñena ya eran de facto unos cadáveres políticos, aun manteniendo las sillas, UM avisó al presidente: "Si tienes que hacer cambios, dilo con tiempo para ver qué hacemos con Nadal". La fianza millonaria al presidente de ese partido, Miquel Àngel Flaquer, y la guerra abierta con el Bloc por el tren a Alcúdia y Manacor dejaron el asunto en stand by. Con todo, ayer Antich fue claro: si el juez del Tribunal Superior que debe asumir el caso Can Domenge impone una fianza al titular de Turismo, "se tomarán las medidas que haya que tomar". Claro que el presidente añadió que espera no llegar a este punto, y que el mismo Nadal le haga el trabajo, pues "el propio conseller ha dicho pública y privadamente que no haría falta", pues él dimitiría por su cuenta.
La socialista Mercè Amer es otra en la cuerda floja, aunque no por méritos propios. Antich dejó caer ayer que a principios del año próximo, una vez se haya traspasado el grueso de competencias de Agricultura al Consell de Mallorca, lo que quede bien puede gestionarse desde una o más direcciones generales, adscritas a otra Conselleria: "Lo que no se puede permitir es duplicar competencias, por eso se está analizando qué puede desaparecer y qué no". Siempre prudente en exceso, habrá que esperar si el presidente remodela de nuevo, o remodelan por él, aunque sean los jueces.