Regalos a políticos. Multitud de objetos sin valor se hacinan en una vitrina en un almacén del Govern
VIRGINIA EZA. PALMA.
Una multitud de objetos, en su mayoría sin más valor que el estrictamente protocolario, se amontonan en unas grandes vitrinas ubicadas en un almacén tras la biblioteca de Can Salas. Ahí es donde Presidencia del Govern acumula placas, trofeos, regalos protocolarios, figuritas...Colocados sin ningún orden, a ese habitáculo van a parar, como en una especie de trastero, lo que visto en su conjunto, en un batiburrillo desorganizado, supone un auténtico paraíso de la estética kitsch. Son los regalos que a lo largo de los años han recibido los presidents del Govern por parte de las numerosas visitas que llegan al Consolat de Mar; esos obsequios que, una vez entregados y tras el correspondiente posado para las fotografías oficiales, no se sabe muy bien qué hacer con ellos.
El lugar en donde el Consell de Mallorca coloca aquello que no se sabe donde ubicar es muy diferente. Una antigua caja fuerte con doble puerta, en la sede de la institución en la calle Palau Real, sirve para depositar objetos variados, aunque de distinta naturaleza de los que se hacinan en el almacén de Presidencia del Govern. En el interior de la caja fuerte se guardan regalos recibidos por la antigua Diputación Provincial de Balears, predecesora del Consell, desde finales del siglo XIX y principios del XX, entre ellos joyas legadas por ciudadanos, trofeos de juegos florales o, ya posteriores, colecciones de monedas conmemorativas. El elemento más llamativo es una vara de mando que obsequió la Diputación Provincial en 1889 al mariscal de campo Don Victorino Hediger (nacido en Maó en 1814 y fallecido en 1880) que sus hijos y herederos devolvieron a la institución en 1910.
La apertura de la primera puerta de la caja fuerte del Consell impregna la atmósfera de un intenso y desagradable olor a cerrado, prueba de las muy escasas ocasiones en las que se abre. Recubierta de un chapado de madera, da paso a un pequeño espacio en una de cuyas paredes se observan las marcas de dos agujeros rectangulares, ya tapados, con el espacio justo para que entre una persona. Corresponden a las dos ocasiones en las que la puerta se estropeó y se efectuaron esos huecos para entrar.
Muy diferente es el almacén en donde el Govern guarda los obsequios, así como las características de los mismos. Ahí no huele a cerrado, aunque sí se respira polvo. Placas conmemorativas, un juego de tazas chino, un cuchillo de gaucho, un poncho argentino, las llaves de la ciudad de San Agustín, la designación de Jaume Matas como hijo predilecto de la localidad argentina de Santa Fe en abril de 1998, el banderín del contingente militar Agrupación Táctica Baleares II que se trasladó el pasado año a Kosovo en misión humanitaria, siurells e incluso una pequeña botella de whisky. Cualquier objeto imaginable tiene cabida en las grandes vitrinas que ocupan toda una pared, detrás de estanterías en donde se acumulan cajas de caramelos, libros o las banderas de cada Comunidad Autónoma que se utilizan cuando llega en visita oficial algún representante autonómico, protegidas en un armario específico.
Desde Presidencia se explica que, periódicamente, se hace una recogida de los objetos que se van concentrando en el despacho del president y se depositan en la vitrina del almacén. Ahora mismo, en las estanterías del despacho de Antich en el Consolat de Mar, se encuentran desde la imagen de una Virgen que le regaló el Obispo de Mallorca, Jesús Murgui, a una pequeña bola de cristal con una planta incrustada en el centro que le obsequió el embajador de Nueva Zelanda, pasando por una medalla del Gobierno de Santo Domingo. Los objetos de valor, como cuadros o litografías, se encuentran expuestos en las paredes de las distintas dependencias del Govern.
El Consell tampoco tiene ocultos a los ojos públicos los obsequios que son obras de arte o que tienen un especial valor. La sala de juntas de la institución insular, por ejemplo, acoge gran parte de la colección Marroig, cedida en 1929 por los herederos de Bartomeu Marroig a la extinta Diputación Provincial de Baleares y que constituye uno de los bienes patrimoniales más destacados que posee la institución insular.
La caja fuerte no esconde objetos tan valiosos. Gran parte de los regalos y donaciones que se encuentra en su interior está repartido en distintas cajas de cartón, compartiendo espacio con antiguas facturas de la institución y objetos adquiridos, como por ejemplo parte de la cubertería de plata que compró en los años sesenta la Diputación Provincial con la única finalidad de ofrecer una cena al entonces príncipe Don Juan Carlos.
En distintas cajas se encuentran una viola de plata ganada en los juegos florales del Círculo Católico de Badalona en 1916 y una palma de oro de los juegos florales de Barcelona de 1897, con notables huellas de los años transcurridos sin limpiarla. Una caja de cartón guarda pequeñas cajitas con joyas cedidas en su momento (no consta la fecha) para el mantenimiento del antiguo hospicio que pertenecía a la Diputación Provincial.
Dos hojas, en el interior de la caja fuerte, revelan una relación de algunos de los objetos que se dejaron en 1993 al monte de Piedad para que los valorara. De acuerdo a aquella tasación, entre los más valiosos se encuentran 18 acuñaciones de monedas de oro, valoradas por el Monte de Piedad en 458.000 pesetas; una sortija de platino y brillantes (750.000 pesetas) o una polvera en oro y zafiros azules (250.000 pesetas). En la relación figuran varias monedas de oro conmemorativas, la más valiosa una de Francisco Franco (50.000 pesetas). En total, la valoración que el Monte de Piedad hizo de los objetos ascendió a 3.372.250 pesetas del año 1993.
Sin embargo esta valoración no incluye numerosas monedas guardadas en bolsas de plástico o lo que el Consell considera la joya de la corona de la caja fuerte: la vara de mando del mariscal Hediger. Realizada en madera noble y con empuñadura de oro, lleva inscrita la leyenda: "La Provincia de las Baleares a su esforzado hijo el mariscal de campo Victorino Hediger como recuerdo de la gloriosa campaña de África".
La responsabilidad de la custodia de la caja fuerte corresponde al departamento de tesorería y los objetos que hay en su interior forman parte del patrimonio del Consell. En algunos casos, son donaciones de particulares que morían en el Hospital General y, al no tener descendientes, dejaban sus pertenencias a la institución. Se trata de objetos cuyo valor actual se desconoce, aunque están lejos de alcanzar el de las cuantiosas obras de arte con las que cuenta el Consell. Por ahora, seguirán depositados en la vetusta caja fuerte, descansando ahí tan olvidados como los numerosos objetos que se apilan en las estanterías del almacén del Govern.