Vuelta al Cole. "El lunes será peor", auguran algunos de los padres que ayer llegaron puntuales
R. FERRIOL/I.OLAIZOLA. PALMA.
Se esperaba un inicio de curso movidito. No por un tema educativo, sino de transporte. Sin embargo, la previsión de los padres ganó ayer al caos de tráfico. Así, fue una de las vueltas al cole más tranquilas que se recuerdan. Salir con mucha antelación de casa, sin prisas, aparcar unas cuantas calles antes del centro o ir andando fueron las medidas tomadas por unos padres que no querían que unas obras o los problemas de aparcamiento debido al carril bici deslucieran el primer día de clase de sus hijos. Eso sí, la mayoría tienen claro que los problemas llegarán con la rutina. "El lunes será un caos", fue la frase más pronunciada en las puertas de los colegios. Araceli Alcolea fue una de las madres previsoras. Salió de casa a las 8.10 de la mañana para llevar a su hijo Ramon a San Cayetano, que al ser su primer día de cole "le dolía un poquito el estómago". No tuvo problemas, aparcó en una de las inmediaciones del cole y llevó andando a su hijo. Un ritual que siguieron la mayoría de los padres de los más pequeños. Sin embargo, aseguró que "el primer día se madruga pero, una vez habituados a la rutina, costará más".
El madrugón de padres e hijos impidió llegar tarde a clase. Algunos estaban a las ocho de la mañana, una hora antes. Es el caso de Cristina Gil, estudiante de segundo de ESO. "Hemos acompañado a mi hermano a la UIB y hemos venido directos al colegio por miedo a encontrar un caos de tráfico", comentó mientras esperaba sentada en uno de los bancos a que llegaran sus compañeras de clase.
Carmen Nieto también fue de las primeras en parar en la Avenida Picasso. "He salido a las ocho menos cuarto de casa porque a las nueve entro a trabajar. Maria Teresa Pons y su hija Lluïsa Pallín también fueron de las madrugadoras. Salieron de Puigpunyent a las ocho menos veinte de la mañana. No hubo ni atascos, ni obras y pudieron parar ante las puertas del colegio. "Iremos probando diferentes horarios por no volver a llegar una hora antes a clase", dijo Maria Teresa. La estudiante no estaba tan contenta. "El carril bici sobra, todo se colapsará. Me he tenido que levantar mucho antes por miedo a un caos de tráfico", lamentó.
"¿Qué tal las vacaciones?", "¿Estás nervioso?" son las típicas frases del inicio del curso. Ayer se podían escuchar entre padres y profesores, pero antes que un buenos días preguntaban "¿dónde has aparcado?". La cautela de los padres sorprendió a más de uno. "A las nueve será peor", comentaron algunos de los más madrugadores. Pero se equivocaron. No hubo caos. El doble de policías ayudó a que el tráfico fuera más fluido. Uno de los agentes comentó, sorprendido, que normalmente llegaban a la zona veinte minutos antes de las nueve. Ayer, a las ocho y cuarto ya estaban controlando.
La familia Alemany-Codina fue mucho más cauta. Graciela Codina dejó su coche en una de las calles cercanas al colegio y acompañó a sus hijos Marc y Jaume con el coche de su marido, Jaume Alemany. Encontraron aparcamiento y los dos pudieron dejar a sus hijos en clase. Fueron uno de los padres que pidieron permiso en sus trabajos para llegar un poco más tarde. El lunes, ya tocará adaptarse a la rutina. A las puertas del edificio de Educación Infantil de San Cayetano el tema más comentado fue el carril bici. "Un ciclista en toda la mañana" resaltaron los estudiantes que tuvieron que madrugar un poco más de lo normal para evitar el colapso de tráfico. "Ha sido una lumbrera el que ha hecho esto", dijo Xisco Marcos. "Me niego a venir aquí, voy a cambiar de cole. Llevo tres cuartos de hora intentando aparcar", lamentó Raquel Escrihuela. Eso sí, aunque le costó dejar el coche, sus hijos llegaron puntuales. Salieron a las ocho menos diez de su casa. Catalina Aguiló, madre de una niña de cuarto de infantil, auguró que "a las cinco será horroroso porque por las mañanas los niños llegan de forma escalonada pero por las tardes los padres tenemos que esperar un rato a que salgan. En octubre será peor porque empezarán los alumnos del Sagrado Corazón. Beverley fue una de las madres que optó por ir andando. "Menos mal que no necesito el coche", decía.
En La Salle, tampoco hubo más caos que el típico de las entradas y salidas. Muchos padres fueron previsores y salieron antes de casa. "Ha sido horrible. No he encontrado sitio en el aparcamiento del colegio y he tenido que aparcar lejos", comentó Cocó, madre de Rodrigo, un niño de cuatro años muy contento de empezar el cole. "Me decía que me fuera".
En el centro, también la previsión y antelación de los padres y las medidas adoptadas por Cort contribuyeron a evitar atascos y nervios al volante. En el colegio Santa Mónica, que alberga a mas de dos mil alumnos, la llegada de alumnos y padres fue ordenada. Si normalmente el Ayuntamiento destina a dos agentes de la Policía Local para controlar el tráfico en estas calles, ayer eran cuatro los efectivos desplegados. "El lunes será peor", auguraba uno de ellos. "La entrada al colegio Sant Josep Obrer, con la plaza Teniente Coronel Franco en obras y tan sólo un carril hábil, la cosa puede ponerse muy complicada", se temía el agente.
"Es un caos por las obras que tienen patas arriba toda la ciudad. No hay donde aparcar, das vueltas y vueltas y al final dejas el coche donde puedes, tus hijos llegan tarde a clase y luego, encima, te encuentras con una multa en el parabrisas", se lamentaba Carmen Lladó, que para evitar todo este cúmulo de desgracias ayer optó por acompañar a su hija al colegio a pie.
Comentarios irónicos del tipo "al que ideó lo del carril bici tendrían que ponerle una medalla" eran la tónica habitual entre los padres y madres de alumnos que ayer acompañaban a sus hijos a los colegios del centro. Antoni Teba supuso una rara excepción: "Es necesario hacer las obras, aunque resulte complicado hacerlo coincidir con el retorno al colegio. Hay que tener paciencia".
"No sé porque no habilitan más zonas en los aledaños de los colegios para que los padres puedan aparcar. Los padres que vienen con niños pequeños no pueden parar un momento en segunda fila y dejarlos. Han de acompañarles a clase", reclamaba Amalia Soriano, a la que ayer le sonrío la suerte y había encontrado aparcamiento.
Antònia Amengual ya esperaba la apertura del colegio junta a sus dos hijas cómodamente aparcada frente a la puerta del centro. "Hemos salido a las 7.10 de la mañana de Marratxí para no tener problemas. Pero no quiero pensar lo que pasará cuando empiecen con el horario normal partido. Dejarles en el comedor me sale muy caro y acercarles en coche puede ser un infierno. Quizá decida coger el tren desde el Pont d´Inca", valoró. Aparte del tráfico, los besos a las profesoras, los abrazos entre compañeros, los saludos entre padres, las caras de sueño, las risas y algún que otro lloro, fueron la tónica de la vuelta al cole.