I.OLAIZOLA. PALMA.
Sarah Bajar, la amiga inseparable de José María Aguirre, se define sin tapujos como "un ordenador con patas y con barriga". Y no es para menos. Guarda en su memoria fechas, nombres y cifras con una precisión asombrosa y fue la fiel apuntadora del superviviente de Mauthausen en las innumerables charlas en las que el vasco relató su trágica experiencia por colegios e institutos de la isla.
"Esta foto (la que ilustra este texto) la sacó del campo de exterminio Francisco Boix, un chico catalán que fue un verdadero héroe. Empleado por los nazis en su laboratorio de revelado por sus conocimientos de fotografía, se las ingenió para sacar fotos del campo que más tarde sirvieron como prueba para condenar a militares alemanes responsables del Holocausto durante los juicios de Nuremberg", recuerda esta anciana francesa.
"Ampliamos la foto y la estuve escudriñando junto a José María en el hotel Zaida hasta que dimos con él en esa explanada del campo de concentración. Sacaron a todos los prisioneros desnudos a primera hora de la mañana para proceder a desinsectar los barracones en los que los hacinaban. Allí los tuvieron todo el día. Al caer la noche, los primeros que regresaron a los barracones murieron a consecuencia de los gases químicos. Esto les dio una idea que más tarde desarrollarían y perfeccionarían: las cámaras de gas", sostiene Sarah Bajar.
"José María contrajo una enfermedad, la erisipela, que le hinchó el rostro. Los nazis consideraban que todo el que se ponía enfermo incurría en una suerte de sabotaje y le mandaban a la enfermería. Allí les ponían una inyección de gasolina directamente en el corazón y luego los llevaban a un crematorio cercano. Nadie salía vivo de la enfermería. Pero José María tuvo la suerte de coincidir con un médico catalán, el doctor Pedro Freixas, que le medicó, le mantuvo vivo entre cadáveres varios días y consiguió salvarle la vida", recuerda Bajar otra peripecia del vasco.
Otra de las anécdotas que le contó José María y que guarda esta francesa en su memoria es la del valenciano César Orquín, "que dirigía el Kommando Cesar. Hombre temperamental y de gran genio, se enfrentó a los alemanes y exigió tener a trabajadores españoles a su cargo para realizar trabajos de construcción. Al final, gracias a su tesón, consiguió salvar a más de doscientos compatriotas de la muerte".