Los años no pasan en balde y el banquillo de los acusados del caso Royaltur refleja el inexorable efecto del tiempo. Dieciséis años hacen mella en cualquiera, un lapso de tiempo que también se nota en Jaime Moll Triay, la cabeza del imperio hotelero con sucursales en Mallorca y Andalucía (Jerez de la Frontera y Sancti Petri), y en sus hijos.
Jaime Moll asegura que fue traicionado por sus amigos, especialmente Simón Galmés. Los acusados niegan dicha deslealtad y atribuyen la pérdida de la cadena hotelera a los problemas financieros del grupo Royaltur derivados de la crisis de los 90 y la primera Guerra del Golfo. "Me engañaron", "se valieron del clima de confianza que crearon", "me forzaron a firmar", sostiene el hotelero Jaime Moll.
"Sabía lo que firmaba"; "estuvo asesorado", "cobró una suma importante" y "renunció a reclamar y ejercer acciones", replican los imputados. La vista oral hará aflorar los resquemores. El juicio está previsto que se prolongue durante varios días.