FELIPE ARMENDÁRIZ. PALMA.
La sección primera de la Audiencia de Palma no tuvo conmiseración con los dos mandos y el oficial inculpados en el caso facturas, un supuesto caso de falsificación de un recibo de una constructora y de documentos oficiales con la finalidad de desviar unos diez mil euros de fondos del ministerio del Interior destinados a una pequeña reforma a la compra de mobiliario y ajuar en el pabellón oficial del comandante jefe de la Guardia Civil de Balears.
El teniente fiscal de Balears, Ladislao Roig, interpretó que el jefe de la Guardia Civil había colaborado con la Justicia cuando reconoció, ante un redactor de DIARIO de MALLORCA, los hechos, esto es el empleo de una factura no real de un constructor para disponer fondos con los que dotar de muebles y otros enseres a su vivienda oficial, que acababa de ocupar al ser destinado en Palma.
La fiscalía también entendía que se le debía aplicar la atenuante muy cualificada de cooperación al coronel Peña por admitir lo ocurrido ante los instructores de un expediente interno de la Guardia Civil.
Sin embargo, los magistrados rechazaron moderar la pena al jefe de la Guardia Civil porque éste no confesó de forma voluntaria, ni espontánea, sino que reconoció lo ocurrido a preguntas del periodista.
Básicamente, el caso facturas consistió en un truco usado por el flamante comandante de la Guardia Civil de las islas para emplear unos 12.500 euros de la dirección general del Cuerpo destinados a reparaciones en inmuebles a la compra del ajuar para su pabellón.
Para ello, se buscó a Jaime Ferragut, un constructor de Calvià conocido de Cuadri y amigo de López Trujillo, industrial que se prestó a simular la realización de unas obras de reforma en el pabellón oficial.
Ferragut facilitó una factura falsa y los dos mandos se preocuparon de simular que el expediente de obras abierto para justificar el empleo de los fondos públicos se completara adecuadamente.
García Peña usó dinero de una caja de la unidad para ir comprando los muebles y otros enseres para su casa oficial, sumas que luego se reintegraron cuando llegó el dinero de Madrid. No hay pruebas de que nadie se apropiara de un euro, ni de que faltara nada de lo comprado.