Cooperación. Stei-i y Ensenyants Solidaris
MAR FERRAGUT. PALMA.
En Guatemala hay maestros que cabalgan una hora para ir a trabajar. Otros llevan meses sin cobrar y tienen que buscar otro empleo porque no les llega ni para el autobús. Algunos son designados a pueblos donde ni siquiera hay escuela y tienen que construirla ellos mismos. La mayoría tiene dos empleos, porque dar clases no basta para subsistir.
Ése el panorama que se ha encontrado Elena Estarellas en su primer viaje como cooperante con el sindicato Stei-i y la ONGD Ensenyants Solidaris. Ella, al igual que los otros 46 docentes que han viajado este verano, fue para enseñar pero también para aprender. Es la cooperación en dos direcciones, la cooperación de ida y vuelta.
Esa reciprocidad es una de las claves de este programa que ya lleva 12 años de rodaje, según explican sus máximos responsables, Pere Polo y Juan Rodríguez. Apuntan que el plan incluye cursos de formación, actividades de sensibilización, intercambio de experiencias, seminarios, trabajo con las asociaciones de los otros países... No es ir de viaje, poner un ladrillo y volver. Es una lucha de fondo para que la educación sirva para cambiar realidades injustas.
Elena, maestra de Infantil en Sóller, ha estado enseñando nuevas metodologías a profesores de allí en colaboración con el Sindicato de la Educación de Guatemala. "Están más acostumbrados a la transmisión de conocimientos", cuenta, "les enseñamos otra manera de trabajar". Juegos, dinámicas, salidas... Les ha mostrado, a partir de los recursos disponibles, una manera más práctica de dar clase.
Eso es lo que ha enseñado. Respecto a lo que ha aprendido, destaca: el aprender a valorar su suerte, dejar de quejarse por nimiedades, aprovechar más lo que se tiene, y retomar una de las misiones principales de la educación: "Hacer personas críticas". Estas experiencias "te hacen luchar más cuando vuelves", asegura.
Además de los programas de formación de los profesores, los cooperantes también colaboran en planes de alfabetización y con asociaciones que trabajan por los derechos humanos y por los niños que en riesgo de exclusión social.
Joana Tur, profesora de instituto en Menorca, ya ha colaborado en varios de estos proyectos en Guatemala. Es una veterana del programa, ya que comenzó a ir por su cuenta en 1996. Desde entonces, no ha fallado ningún año. Ha interiorizado estos viajes de cooperación y ya no se imagina un verano sin: "Forma parte de mi ritmo". Ella fue cuando el país aún estaba en guerra. Pensó que "seguro que se podía encontrar un rincón para hacer cosas con ellos".
En todos estos años
ha visto cómo poco a poco las comunidades iban adoptando algunas de las prácticas que los maestros mallorquines les muestran verano a verano."¡Incluso algunos ya cantan canciones en eivissenc!", dice riéndose. Este verano ha viajado a Marruecos para ayudar a poner en marcha una escuela de verano para niños sin recursos.
¿Su mejor recuerdo? Cuando volvía de su primera estancia recuerda cómo las vecinas, mujeres que han pasado por experiencias terribles, le despedían diciendo: "Se me cuide, seño". Ese ánimo y ese coraje le quedaron marcados.
Josefina Villena llegó hace unas semanas de Perú. La experiencia le ha sabido a poco y ha pedido una excedencia y en breve volverá para quedarse un año. En su primera visita trabajó junto a profesores de la región de Puno y recuerda cómo juntos reinventaron el concepto de ´proyectos de trabajo´. Si aquí los alumnos hacen dossiers para responder a preguntas como ´¿De qué están hechas las estrellas?´ o ´¿Porqué flotan los barcos?´; allí, los escolares trabajan para responder a un interrogante que les permitirá plantearse un proyecto de vida alternativo al trabajo en la calle: ´¿Qué quiero ser cuando sea adulto?´
Ese dossier refleja una de las frases inspiradoras de este plan, una frase tan sencilla como combativa: "Contra la desigualdad, educación".