Ofensiva Terrorista. Cadena de Atentados en Palma
ROSA FERRIOL. PALMA.
La rutina ha ganado la batalla a ETA. Casi un mes después de la cadena de atentados que azotó el domingo 9 de agosto tres bares de Palma y las galerías de la Plaza Major, comerciantes y ciudadanos dejan claro que no tienen miedo a nuevas bombas. Algo de respeto sí. "Ahora estamos más seguros", aseguró ayer la encargada del bar Enco, Diana Lukac. Una clienta, Mercè Nicolau, siguió la misma línea: "Ya ha ocurrido una vez, se supone que todo está más controlado. No dejaré de venir por las bombas".
Carme Osorio, vecina de El Molinar, suele pasear en bicicleta cada atardecer, luego se para en una de las terrazas de la zona a tomar algo. El día del atentado tuvo que desviar su ruta hacia Can Pastilla debido al cordón policial. Al día siguiente, ya volvía a su rutina. Ayer acudió al bar Enco con una amiga. Cuando le dijo que aquí había estallado una bomba, se le quedó una cara de susto. "¿Dónde me has llevado?", reaccionó Maria Antònia Riera. Però luego se relajó y no le dio más importancia.
El baño de señoras quedó totalmente destrozado. Miquel Mas, propietario del loca, aseguró que el mismo lunes empezaron las reformas y consiguieron adecentar la zona afectada en tres días. "A las ocho de la mañana del jueves ya teníamos abierto", recordó. El inquilino del Enco, Ernest Hasicevic, se encontraba de vacaciones en su país, Yugoslavia, cuando ocurrió el atentado. No pudo regresar hasta el viernes, por ello, Miquel y Diana se encargaron de retomar la normalidad lo más pronto posible, lo consiguieron en 72 horas. Ayer, Ernest aún estaba sorprendido del apoyo recibido tanto de trabajadores como de clientes y vecinos. Los encargados del Enco subrayaron que "vienen los mismos clientes que antes". Como muestra de agradecimiento, están preparando una fiesta para clientes y vecinos porque gracias al esfuerzo de todos la calma se ha impuesto a las bombas. A pocos metros, en La Rigoletta la rutina llegó un día después de los atentados. "Como menos se hable del tema, mejor", sentenciaron ayer los trabajadores del restaurante.
El orden se retoma paulatinamente en las galerías de la plaza Major. De momento, los baños donde la banda colocó el artefacto siguen acordonados. En el pasillo descansan los escombros. El presidente de la comunidad de propietarios, Alejandro Capellà, resaltó que las obras empezarán de inmediato. "Los baños quedaron totalmente destrozados. La deflagración fue muy bestia", señaló. Desde aquel domingo, las galerías se quedaron sin uno de los servicios más utilizados por los turistas: los lavabos. Cada persona paga cincuenta céntimos. Así, se recaudan unos 300 o 400 euros diarios. Capellà mostró su preocupación porque "no es seguro que el consorcio de seguros afronte este lucro cesante". En sólo un mes han dejado de ingresar por tener los lavabos cerrados entre nueve mil y doce mil euros. Explicó que hace unos días se reunieron con la alcaldesa Aina Calvo porque "es una injusticia que deban soportan el trasiego de muchos ciudadanos que no son usuarios del centro comercial". La respuesta fue que no hay presupuesto. Carlos Capellà, comerciante, aseguró que sus clientes le comentan que tras el atentado pueden elegir el sitio que quieren en el parking. También comentó que muchos turistas se han dejado llevar por el miedo. "Antes un día nublado, las galerías estaban llenas; ahora, no", comentó. La mayoría de comerciantes coinciden que con la crisis y el ataque de ETA, las galerías han quedado muy "tocadas". Yumari Feijó es una clienta habitual. Ayer acudió con su prima italiana Maricela quien se encuentra de vacaciones en la isla. Tenía miedo a visitar Mallorca pero Yumari la convenció.Igual de reticente se mostró ayer cuando acudieron al centro comercial a comprar. "Mi prima tenía miedo", comentó. "Yo no, debemos seguir con la rutina", sentenció. Seguir con el día a día y olvidarse de las bombas es la fórmula que han seguido comerciantes y ciudadanos para demostrar que son más fuertes que la banda. El bar Nica es el único que aún no ha podido retomar la normalidad. "No hemos empezado las obras", señaló José Nieto, uno de los propietarios.