Operación Espada. El partido aseguró hace dos años que sólo se había gastado 600.000 euros
MIGUEL MANSO/ F. ARMENDÁRIZ. PALMA.
Los promotores de hospitales, túneles de metro y kilómetros de asfalto articularon una campaña electoral a la altura de un velódromo o de una ópera en medio del mar. Faraónica. Nunca antes un partido político había movilizado semejante cantidad de recursos humanos y materiales. En 2007, el PP empapeló Mallorca con el lema ´Funciona´. Sus dirigentes se movilizaron por tierra, mar y aire. No dejaron ni un solo rincón de la geografía local sin recorrer. Invitaron a mesa y mantel a millares de simpatizantes.
El despliegue de los populares sorprendió a sus contrincantes pero ninguno cuestionó abiertamente la procedencia de los fondos empleados las semanas previas a los comicios autonómicos y municipales. Ahora, los fiscales anticorrupción y el juez instructor del caso Palma Arena ofrecen algunas pistas sobre cómo se financió aquella maquinaria del ´Funciona´. Las indagaciones desvelan presuntos pagos en negro y trabajos a precio de coste por parte de las empresas del publicista Miguel Romero, adjudicatario de decenas de contratos del Govern y organizador de una parte de la campaña.
El PP recurrió a la empresa madrileña Over MCW de cara a la cita con las urnas. Esta compañía había colaborado con Jaume Matas en los comicios de 2003 y durante su paso por el ministerio Medio Ambiente, explica su administrador, Daniel Mercado. Over MCW asumió la faceta creativa y la estrategia, mientras las agencias locales, entre ellas Nimbus, de Miguel Romero, gestionaban la publicidad en medios de comunicación, vallas y marquesinas.
Cuando por aquellas fechas la prensa preguntó sobre el desembolso previsto, la dirección del partido pronosticó un gasto de 600.000 euros. Visto el despliegue posterior, la cantidad se antoja ridícula. La campaña comenzó mucho antes de la tradicional pegada de de carteles, el 10 de mayo de 2007. Las formaciones políticas arrancaron motores varios meses antes, con la presentación de los candidatos a las alcaldías. En aquellas reuniones, a veces amenizadas con viandas, se concentraban entre 200 personas, si el pueblo era pequeño, y unas 1.300, como ocurrió en Manacor con el aspirante Antoni Pastor.
Jaume Matas levantó el telón por todo lo alto. El candidato a presidir el Govern se hizo carne ante la militancia durante un acto desarrollado en el Auditorium. Eduardo Zaplana y Ana Pastor fueron sus padrinos. A lo largo de tres horas se sucedieron números musicales y humorísticos, proyecciones audiovisuales y bailes al ritmo de Let the sun shine in.
El más vivo ejemplo de la magnitud de la maquinaria popular fue el cartel colgado de uno de los edificios de la Plaza de España. Cubrió casi por completo su fachada y contenía un dispositivo que enviaba videos y mensajes a los teléfonos móviles que tenían activado el sistema bluetooth.
Matas, Estarás y Cirer no escatimaron en medios de transporte. Fletaron un autobús con internet para facilitar el traslado terrestre de los candidatos. Si la campaña requería un viaje por el aire, Matas se montaba en un helicóptero. El ex president se subió a un Eurocopter AS 350 Ecureuil para recoger basura en la falda del Puig Major. Allí se acumulan bidones lanzados hace medio siglo por los primeros militares estadounidenses destinados en la estación de radar.
La manera más habitual de granjearse a los votantes consistió en invitarles a comer. Esta prática habitual en todos los partidos alcanzó dimensiones pantagruélicas en 2007. Unas 600 personas cenaron buey asado en Montuïri. La bestia estuvo cocinándose casi 24 horas. Durante la reunión de Rosa Estaràs con las casas regionales en Palma, la actual presidenta del PP les dijo al millar de asistentes: "Quiero ser una presidenta [del Consell] que podáis tutear y no se crea dios". A continuación cenaron dos toneladas de mejillones, empanada gallega y frito mallorquín. El colofón de la campaña lo puso Mariano Rajoy en el Palma Arena. Allí se repartieron banderines, agua, globos y Quelys merienda entre los 9.000 congregados. La víspera del día de reflexión, en el velódromo de Son Moix y ante 3.000 personas, los agasajos consistieron en hamburguesas, perritos calientes, refrescos, globos y chocolate con churros.
Algunos gastos de aquellos mitines faraónicos se intentaron cargar al Govern, como ocurrió con una cena para 70 periodistas, la vigilancia del acto central en el Palma Arena o la edición de más de 100.000 folletos.