Convivencia Escolar. Sólo un porcentaje muy reducido de acosados pide ayuda a sus profesores
M. FERRAGUT. PALMA.
No hacer nada. Quitarle importancia. Aguantar el tipo y seguir para adelante. No decírselo a nadie. Volverse invisible.
Muchas de las víctimas del ciberacoso creen que ésa es la mejor actitud para afrontar (o no afrontar) el problema. Así figura en el estudio de sudare, Comas y Morey, donde las cifras ponen de manifiesto "la invisibilidad" que, en general, tienen los comportamientos agresivos entre iguales: mientras los compañeros saben lo que pasa, para los adultos es un problema que no existe.
u "Me siento mal". Tres de cada diez de los alumnos intimidados señalaron que se sentían mal cuando les acosaban y un 20%, que estaba intranquilo. Sólo un 5,9% afirmó sentirse acompañado ante este problema y un 30% aseguró que la situación no le afectaba.
u Víctimas con sentimiento de culpa, avergonzadas, preocupadas por lo que piensen los otros. No sólo hacen que se sientan mal. En algunos casos, los acosadores consiguen manipular a sus víctimas hasta tal punto que éstas incluso llegan a pensar que tienen la culpa de la situación. Así lo indicó un 3,4% de los adolescentes. Casi un 5% respondió que sentía vergüenza y el 14,6% dijo estar preocupado por lo que pudieran pensar los demás. Uno de cada 10 indicó que tenía miedo de que no lo creyeran. La culpabilidad, la vergüenza y el miedo al qué dirán frenan a muchos a la hora de avisar a alguien de lo que está pasando (pensarán que "soy tonto" o que "soy un acusica", dirán "que no me sé defender solo" o "que exagero" ).
u Guardar silencio, porque "no tiene importancia". Una cuarta parte de los adolescentes que son molestados por otros a través de las nuevas tecnologías decide no decírselo a nadie. ¿Por qué? Para casi la mitad de estos jóvenes, el motivo para no hablar del tema es porque "es una cosa que no tiene importancia". Un 20% se calla, porque entiende que es "algo que tiene que arreglar solo".
Los investigadores de la UIB subrayan este dato y señalan que coinciden con otros autores que consideran que el acoso y el ciberacoso deberían entenderse como un problema grupal, que tiene implicaciones sociales. Esto quiere decir que, aunque hay dos roles visibles (víctima–agresor), el resto de la comunidad educativa debería tener "un papel indispensable".
Llama la atención que esa ´ley del silencio´ no se dé sólo cuando uno es protagonista de esta situación, sino cuando lo es otro: casi la mitad de los jóvenes dijeron que se quedaban callados cuando descubrían que se estaba ciberacosando a un compañero, incluso aunque fuera un amigo suyo.
u ¿A quién contárselo? Entre aquellos que deciden guardar silencio sobre las agresiones que están sufriendo, un 7,7% asegura que se calla "porque no sabe a quién decírselo". Las instituciones especializadas –como puede ser el Instituto para la Convivencia y el Éxito Escolar– o los profesores son los confidentes menos populares. Sólo un 6% acude a algún profesor para contarle su problema, algo que los autores achacan a que las víctimas no quieren sentirse unos chivatos. Los autores señalan que los jóvenes sólo acuden al personal docente cuando el problema se transforma en algo grave. Como era de esperar, los amigos y amigas – "los iguales"– son los principales destinatarios de estas confidencias. Los padres y madres son los destinatarios citados en segundo lugar; las madres –algo que ya se había observado en otros trabajos realizados en Balears– son el principal referente para más del 38 por ciento de las víctimas.
u La mejor reacción es la no-reacción. Tres de cada diez víctimas de ciberacoso afirmaron no haber hecho nada al respecto. No obstante, para un 38% de los adolescentes la mejor opción es contárselo a los padres. Incluso, un 15% apuesta por denunciarlo a la Policía.
u Un acoso no tan anónimo. Por más que pudiera pensarse que el anonimato es la principal ventaja del acoso en línea, lo cierto es que en más de la mitad de los casos la víctima conoce a su agresor.