V. CAMPINS
Teóricamente las empresas y otros entes públicos se justifican por la necesidad de dotar de agilidad y eficiencia a la engorrosa Administración, pero en el Govern y el ayuntamiento de Palma se han convertido en realidad en un gran agujero negro por el que se ha colado la corrupción.
Empresa Municipal de Obras Públicas –caso de la visa de Rodrigo de Santos–, la Funeraria de Palma –Óscar Collado, Marina Sans–, Turisme Jove –Gosálbez y Gálvez–, Bitel –Vidal–, el CDEIB –Ordinas y Cardona– y el consorcio Palma Arena –Pepote Ballester, Jorge Moisés, Rafael Durán... y los que pueden caer– son siglas y nombres a los que nos hemos familiarizado y que nos han aportado imágenes –políticos esposados o cajas de cola-cao desenterradas de un jardín– que demuestran que hay que acabar con el coladero en el que se han convertido las empresas públicas y otros organismos varios. El CDEIB, por cierto, ya ha desaparecido.