JOAN RIERA
Marcelino Oreja se dirigió a la Junta General de Accionistas de 2007 con estas palabras: "Con respecto a la integridad y el respeto a los valores éticos de la sociedad, consideramos que constituyen los pilares de la cultura de FCC y éstos son promovidos
desde el más alto nivel de responsabilidad del grupo".
El señor Oreja, ex ministro de Asuntos Exteriores y uno de los políticos más destacados de la transición, es el hombre que pactó con Jaume Matas que el Palma Arena se construiría sí o sí. Con el salvoconducto del Consolat, la empresa que presidía, la que tiene como accionista de referencia a Esther Koplowitz, ha vaciado las arcas autonómicas por el sencillo procedimiento de que todo costaba el doble. Da igual lo que fuera. La obra en su conjunto, de 46 a 110 millones. Tecnoeventos facturaba la tela Ferrari por unos 600.000 euros y la constructora nos pasaba un cargo de 1.365.000 euros, o 1.800.000, según se dijo en sede judicial. Se equivocaban en la construcción de un pilar y nos pasaban la cuenta: total sólo eran 20.000 euros. Contrataban los guardias de seguridad –¿ Por qué ellos?– y la hora nos salía a 45 euros frente a los 10 de tarifa habitual. La pista de madera tenía que costar 900.000 euros y a nosotros nos entregaban una minuta de casi dos millones. Si derribar una cochera cuesta 50.000 euros el precio se elevaba hasta, lo ha adivinado, el doble.
El señor Marcelino Oreja tendría que dar muchas explicaciones sobre de qué "integridad" y "ética" hablaba en su discurso. ¡Ah! y de paso contarnos sus conversaciones con Jaume Matas sobre el Palma Arena.