PALAU / MANSO/ FERRER. PALMA.
La faraónica obra del Palma Arena debía durar tres años y se acabó en uno. El aparejador del velódromo, Marcos Leo Nicolau, que ayer declaró como imputado durante más de dos horas y media en los juzgados de Palma, así lo confirmó. El arquitecto técnico calificó la construcción del pabellón deportivo como una obra "con ciertas peculiaridades". Nicolau, que estuvo asistido por el letrado Juan Mulet, reconoció que no comunicó a ningún responsable la dificultad de terminar el velódromo en tan poco tiempo porque todo el mundo había asumido que tenía que estar listo para el Mundial de Ciclismo. Por ello, se trabajó día y noche y así pudo estar acabado. El técnico imputado insistió en que él únicamente certificó obras del velódromo hasta 47 millones de euros, que es el importe que estaba licitado. Del resto de trabajos dijo que no estaba legitimado para certificarlos, ya que no se habían aprobado. Marcos Leo Nicolau, de 40 años, recordó que formó parte del equipo de Schürmann por petición de este y que sus honorarios se fijaron en 80.000 euros, de los que cobró unos 34.000. Tras la destitución del arquitecto alemán, los García-Ruiz le contrataron y renegociaron sus honorarios a 180.000 euros, sin que le descontaran el importe recibido. El aparejador dijo este sueldo está por debajo de lo normal y que los García-Ruiz le premiaron por su esfuerzo, ya que incluso iba a trabajar de noche.