Crimen Terrorista en Palmanova. Eduardo, Carlos y Eloy rememoran sus vivencias con el joven agente
ROSA FERRIOL. PALMA.
"La vida con Diego ha sido muy divertida". "Muy intensa". Eduardo Salvà, hermano del guardia civil asesinado por ETA, junto a Carlos Reyes y Eloy Germán, íntimos amigos, recuerdan al que hasta el jueves fue una pieza clave del puzzle en que encajaban sus rutinas diarias. "Todo está vacío", expresa Eloy tras su pérdida.
"De vocación era motero, luego guardia civil", cuenta su hermano. "Hubiera sido piloto de competición", mantiene Carlos. Entró a formar parte de la Benemérita "para hacer el bien a la sociedad". Quería formar parte de la brigada GRS. "Seguro que lo hubiera conseguido. Era muy fuerte", reconoce Eduardo. Tenía otros dos compañeros de promoción. Con sus tres apellidos formaban las siglas del que era su objetivo: G.R.S. "El día del funeral regalé la camisa de Diego a G. y el tricornio a R.", cuenta Eduardo.
"Era muy optimista, muy valiente. No tenía miedo nunca", resume Eloy. Nadie, absolutamente nadie de su entorno se imaginaba que una bomba de ETA les arrebatara a Diego. "Ni él se lo imaginaba", confiesan. "En Mallorca se veía muy lejos", dice Carlos. Sus allegados no tienen palabras para expresar la atrocidad. "No se lo cree nadie", coinciden tras preguntarse ¿por qué le tocó a él? "Sería su destino", concluye su familia. Carlos, resignado, intenta entenderlo. Diego estuvo unos 25 días en coma y cuatro meses en rehabilitación para recuperarse del gravísimo accidente de moto que sufrió en marzo. "Ha luchado tanto entre la vida y la muerte que nadie se cree lo que ha pasado. Es imposible de creer", relata desconsolado. "La moto no podía con él. Sólo una catástrofe natural o un atentado podría con Diego", insiste para comprender la brutalidad.
Eduardo, sumido en la tristeza, ha tomado las riendas para aparecer en público y demostrar a los asesinos de su hermano, su líder, que la familia, los amigos y los allegados de Diego son más listos. "En un primer momento, mi hermano Borja expresó ira. Hay otras maneras de hacerles ver que no somos igual que ellos. Fuí más sereno. No hablaba desde la rabia. Usé la cabeza. Los terroristas no tienen", resume. Con esta idea, acudió a la concentración de Palmanova donde miles de voces clamaron contra ETA. "Una fuerza me aguantaba de atrás", admite. Quizás, la fuerza que le dio Diego.
Sus amigos tienen claro que "los terroristas no deben ver sed de venganza". Confían en las autoridades. "Mano dura", reclama Eloy. Su deseo unánime: ver a los asesinos cumplir cadena perpetua. Y no sólo los autores de la barbarie de Palmanova, si no a todos. "Los que tienen miedo son ellos. Son cuatro alocados que no tienen memoria", comenta Eduardo. "Durante los 50 años de la banda, la han desarticulado varias veces", dice, y "siguen matando". "No me quedaré tranquilo hasta que lea en un titular ´ETA ya está muerta´", sentencia. "ETA no tiene final. Es gente joven que se mete en esta ideología, no son abuelos", reconoce Carlos.
"Mis padres son los más fuertes"
Sus padres han demostrado serenidad y cabeza en todo momento. "Haced lo que a él le gustaba", fue el consejo de una madre que destrozada por perder a un hijo debe coger fuerza para sacar adelante a sus otros seis hijos que "están mal" porque ETA les ha arrebatado a su hermano. "No sé de donde sacan la serenidad y la fuerza", se pregunta Eduardo. "Sus padres tienen que vivir porque tienen seis hijos más", dice Carlos, que con 32 años ya piensa como si fuera padre. "Si sólo tuviera un hijo y me lo arrebataran, me derrumbaría, pero si tuviera más, sacaría fuerzas de donde sea", razona. "He sido muy padre de tu hermano", le recuerda a Eduardo. "Con seis hijos, no puedes derrumbarte", sentencia Eduardo. Reunidos en el balcón de su piso en Passeig Mallorca se acuerdan de Vanesa, la pareja de Diego durante seis años. "Es muy fuerte", dicen.
"Diego era motero hasta el final". Por eso, la familia pensó en organizarle un adiós rodeado de motores. "Os dije liadla parda pero tampoco os pedí mil motos", les puntualiza Eduardo. Sin perder la mirada de dolor y rabia, los tres sonríen, orgullosos del éxito de la concentración. "Esperábamos ser 40, los más cercanos, y fuimos más de mil", dice Carlos. "El mundo de las motos es una familia, está muy unido", destaca Eloy. Muchos reventaron neumáticos. Algunos, como Eloy, rompieron la moto. Expresaron su rabia a golpe de gas. "Fue muy emotivo".
Las motos eran la pasión de Diego. Durante la tarde de ayer, sus amigos y su hermano sonrieron varias veces al recordarle. "Ha caído de todas las maneras posibles", dice Carlos, que era su mecánico personal. "Me decía: ¿Has visto a Rossi arreglar su moto?". Y es que si pudiera elegir, Diego hubiera sido piloto profesional. ¿Su sueño? Plantarle cara a Rossi. Tuvo dos accidentes muy graves, del último se recuperó la semana pasada. "No estaba completamente recuperado pero tenía muchas ganas de volver a la Guardia Civil", explica su hermano, quien, junto a toda su familia, no se movió de su lado mientras estuvo en coma. Sus amigos recuerdan los días en el hospital. "Íbamos casi a diario", "parecía un centro de reunión social", comentan. "Aún cojeaba y ya miraba para comprase otra moto". "Ha tenido mala suerte", lamenta Carlos, "era muy buen piloto". En el bar Coyunba quedará otro recuerdo: "El bocadillo caliente con jamón york y queso, con amor y cariño", un extra gratis que los camareros anotaban si lo pedía. Su menú preferido.
Y es que Diego era un "competitivo nato". Destacaba en cualquier deporte. Jugó con el filial del Mallorca. Cambió al tenis. En judo pasó de cinturón blanco al naranja en cuestión de meses. Siguió con las motos y los karts. "Todo lo hacía super bien", resume su hermano, que tiene una espinilla clavada: nunca le pudo ganar en los karts. Eloy sí, pero reconoce que fue haciendo alguna que otra trampilla. Después del accidente de hace unos meses, cuentan, decidió tener otra moto, pero esta de paseo. Estaba más tranquilo, dicen. Ir al cine, de cena con amigos... No era mucho de la fiesta. Eso sí, "era el agonía del cine", recuerda Carlos. "Siempre iba a ver las películas de acción el día del estreno". "Cuando le sugeríamos ir a ver una peli, ya la había visto". Ayer pasaron una tarde recordando sus vivencias con Diego. No faltaron las sonrisas porque fueron muchos los kilómetros que recorrieron juntos y muchas las alegrías que les dio con su carácter optimista. Pero las sonrisas de los recuerdos se desvanecen cuando ven que "sin Diego la vida no tiene sentido porque era una pieza más del puzzle".