I. MOURE / B. PALAU. PALMA.
De repente, un ruido ensordecedor. Después, la confusión. Y, cuando el desastre se hizo evidente, la contemplación del horror. La secuencia de los acontecimientos se produjo a toda velocidad. El resultado, el esqueleto de un vehículo carbonizado, dos cadáveres, nervios, gritos, lágrimas y miedo. El horror tuvo testigos de primera mano, que tardarán mucho tiempo en olvidar lo vivido ayer.
Uno de ellos fue Federico, un argentino residente desde hace unos años en Calvià y con experiencia en cooperación internacional. La desgracia salió a su paso cuando paseaba sobre las 13.30 horas cerca de la Sala Palmanova. "Yo estaba a unos 30 metros del lugar de la explosión. Cuando escuché el estallido, me acerqué corriendo. Lo primero que vi, un coche en llamas y un cuerpo destrozado. Estaba fuera del coche. Vi que le faltaba una pierna. El otro guardia ya estaba muerto", rememora.
Entre otros guardias civiles y él, lo alejaron del vehículo que acababa de explosionar. "Lo movimos hacia una pared para estar más protegidos. Eran momentos de desconcierto. Había alguna mochila sospechosa y los agentes pensaban que podía haber aún más bombas en la zona", explica Federico.
Cuando lo atendieron, el agente todavía respiraba. Tenía pulso, aunque sangraba "por todo". "Yo soy socorrista y lo estuve reanimando, trabajando para recuperar su pulso y su respiración. Lo atendí durante unos diez minutos, hasta que llegaron los servicios de emergencia y los bomberos", explica. Todavía en estado de shock, Federico prefiere acabar aquí su relato. Dice que aún está conmocionado.
Restos de coche esparcidos
Las instalaciones de la Guardia Civil que sufrieron ayer el atentado comparten espacio con otras dependencias. Entre ellas, un centro de salud. Aquí trabaja el doctor Pilco. Su relato es el siguiente: "Primero, escuchamos un ruido tremendo. Al principio pensamos que se trataba de una explosión de gas. Pero después salimos a la calle y vimos el humo que salía del coche. Olía a pólvora. Trajeron extintores, pero el fuego era demasiado grande para controlarlo. En ese momento, entraron los guardias civiles en el centro y nos dijeron que nos fuéramos de allí. Dentro del centro de salud, había restos de coches".
El doctor Pilco explica que un vecino de la zona (Federico) ayudó a arrastrar el cadáver a una distancia prudencial del coche incendiado. "Lo empezamos a reanimar, pero ya vimos que no se podía hacer nada para salvar su vida. Tenía unas heridas gravísimas", declara.
"Yo estaba con mi madre en el médico", cuenta un joven londinense llamado Ian. "Cuando he escuchado la explosión he corrido hacia la ventana. He visto el coche incendiado y mucha gente llorando".
Sin duda, era una "situación de pánico", como apunta Ian. "Entonces he visto también a un grupo de médicos alrededor de una persona que estaba muy mal. Tenía el cuerpo carbonizado. Durante unos ocho ó 10 minutos lo han intentado reanimar", agrega este ciudadano inglés durante una pausa de una de sus continuas llamadas telefónicas.
El camión de la fortuna
En las historias relatadas por los trabajadores del centro de salud, destaca la alusión a un elemento de carácter salvador: un camión de bebidas. Al estar aparcado delante de las instalaciones sanitarias ejerció de improvisado parapeto. Un escudo con ruedas que posiblemente salvó más vidas al detener la onda expansiva de la deflagración.
Otra residente en la zona, Inma, relata cómo vivió esos momentos. "Yo pensaba que había caído una pared o un mueble. O que había habido un fuerte pelotazo en las puertas de metal. Pero enseguida he visto que nada de eso. Sobre todo cuando he visto a un hombre gritando ¡qué catástrofe, qué catástrofe! Los turistas no paran de preguntarme qué ha pasado".
No todos los turistas parecían interesados en lo sucedido. Una de las cosas que más llamó la atención de cualquier persona que se pasease por Palmanova fue que, al margen del trasiego continuo de policías, bomberos, periodistas y políticos, un gran número de visitantes chapoteaban despreocupados en las piscinas de los hoteles o en las playas de la zona.