FELIPE ARMENDÁRIZ/J.F.MESTRE. PALMA.
Guardia Civil y Cuerpo Nacional de Policía iniciaron ayer un espectacular despliegue para tratar de localizar y detener al comando, presumiblemente de ETA, autor de los dos asesinatos en el cuartel provisonal de Palmanova, y que se supone dispondría de un piso franco en Mallorca. La atribución de los asesinatos a ETA, en espera de sus habituales reivindicaciones, era vista como muy probable, dado el método empleado, los objetivos y la cercanía temporal con el ataque a la casa cuartel de Burgos del pasado miércoles.
El brutal ataque terrorista de ayer no era esperado en Mallorca, un lugar, no obstante, donde la banda terrorista vasca ya ha atentado, o intentado atentar, en varias ocasiones. Según reconoció el delegado del Gobierno en Palma, Ramón Socías, no había ningún indicio de la presencia de un comando en la isla, pero sí existía constancia de que Balears era un objetivo goloso para ETA.
Los terroristas tampoco avisaron telefónicamente de la colocación de las dos bombas. Dado el modus operandi y el resultado de las dos acciones, los investigadores piensan que los etarras tenían la intención de acabar con la vida de cuántos más guardia civiles mejor.
Las oficinas donde murieron los dos agentes Diego Salvà Lezáun y Carlos Sáenz de Tejada son provisionales, aunque llevan abiertas al público varios años en unos locales de la calle Miquel dels Sants Oliver. Allí, al parecer, no hay cámaras de vigilancia.
El cercano cuartel viejo de Palmanova, situado cerca del hotel del mismo nombre, sí que contaría con más medios de seguridad.
La colocación de las dos bombas lapas obedecería a un claro efecto de sincronización de los atentados. Probablemente los terroristas querían hacer un primer ataque y conseguir más víctimas cuando agentes del otro cuartel aledaño acudieran a ayudar a sus compañeros. La bomba lapa del coche oficial aparcado frente al cuartel viejo y principal tenía un dispositivo de accionamiento de movimiento. La explosión mortal de las oficinas secundarias pudo desatarse mediante un mando a distancia. Así la posible secuencia buscada por el comando sería: primero matar a los guardias del puesto secundario y, después, conseguir más víctimas entre los agentes del cuartel viejo.
La cantidad de explosivo usado ayer no trascendió, pero habitualmente ETA usa pequeñas fiambreras para sus atentados con bombas-lapa.
Los expertos en la lucha antiterrorista desplazados desde Madrid para investigar el atentado se unieron a la Policía Judicial de la Guardia Civil, que fue la primera unidad en iniciar las pesquisas.
Los investigadores barajan que el comando está formado por, al menos, dos personas, que dispondrían de un lugar seguro para planificar las acciones y esconderse tras los atentados.
El hecho de que la segunda boma lapa tuviera que ser explosionada por los artificieros pudo eliminar las posibles huellas dejadas por los terroristas en el artefacto. La Policía ayer pidió ayuda a establecimientos hoteleros de la zona de los dos cuarteles para ver si sus cámaras de seguridad hubieran captado alguna imagen de los asesinos.
Pese a las sospechas, sobre el piso franco del comando, la cúpula del ministerio del Interior ordenó que se sellaran puertos y aeropuertos y se instalaran controles dentro del protocolo conocido como "Operación Jaula". Fuentes policiales cuestionaron la aplicación de estos métodos en una isla turística como Mallorca por su escasa efectividad y, por contra, las grandes molestias y eco en los medios de comunicación que causa.