MATEU FERRER
Sin aire acondicionado en el piso, y el microondas o el ordenador de lo más comunes, la mayoría andamos con cuidado para no hacer saltar los fusibles. Demasiado cara está la vida como para disparar el contador. Ergo, no le importamos un comino a las comercializadoras eléctricas, que sólo pugnarán por los nombres que usted y yo conocemos, los pocos de siempre, que pueden catapultarnos con sus dineros y aún así el recibo de la luz les saldrá más a cuenta que al común de los mortales. Liberaliza, liberaliza, para que repercuta sobre el que menos tiene el descuento a los cuatro enchufados de siempre. Para más inri, el Gobierno nos sube la tarifa un 2%, uno ya no sabe si le sale más barato electrocutarse.
Nos ofrecieron el oro y el moro con la telefonía móvil, y lo mismo con internet; al final pagamos lo mismo –céntimo arriba, céntimo abajo–, sea cual sea nuestra compañía. ¿Por qué será que siempre vamos contracorriente?