Sanidad/Vida laboral de los facultativos

Médicos jubilados en plena forma

Los doctores lamentan la obligación de retirarse de la sanidad pública y continúan trabajando en la privada

 22:11  
Un equipo quirúrgico realizando una intervención en el hospital universitario de Son Dureta.
Un equipo quirúrgico realizando una intervención en el hospital universitario de Son Dureta.  Foto: M. Mielniezuk.
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I. OLAIZOLA. PALMA. "Cualquier piloto de Iberia jubilado que accede a un avión es saludado efusivamente por las azafatas, tiene el pasaje gratuito y es colocado en un lugar preferente de la aeronave. Cuando un médico jubilado vuelve a su hospital, lo más probable es que uno de los celadores, que cambian bastante por la movilidad laboral y no le conocerá de nada, le inquirirá ¿y usted, adónde va?".

Con esta anécdota el doctor Ignacio Forteza-Rey, cirujano maxilofacial de Son Dureta, fundador y jefe de este servicio dedicado en la actualidad a otros menesteres dentro del hospital de referencia, quiere demostrar que en este país cainita nunca se ha correspondido a "la labor de los médicos que han dedicado toda su vida a la sanidad pública. Precisamente por ello, como no han diversificado su actividad pública con la privada, cuando les llega la hora de la jubilación se quedan sin opciones de trabajar en alguna clínica, lo que resulta tremendamente injusto".

Y es que, como coinciden en apuntar casi todos los profesionales consultados en este reportaje, el médico, ya sea por vocación o por las especiales características de su profesión, continúan o intentan seguir trabajando más allá de la edad legal de su jubilación, fijada en los 65 años.

"Hoy en día, en el que la esperanza de vida ronda los ochenta años, es natural que los médicos lleguen a la edad de jubilación con vocación, ímpetu, ideas y ganas de seguir trabajando. Que se les cierre las puertas no es una actitud de progreso, es un error", sostiene el doctor Oriol Bonnín, jefe de cirugía cardiaca de Son Dureta, que compagina esta actividad en la Palmaplanas.

En la actualidad tiene 62 años, a tres de su jubilación forzosa en Son Dureta, y confiesa que no pedirá prolongar su vida laboral, al menos en el hospital público. "Hay que aceptar las normas. No me quiero pronunciar sobre si son justas o no, porque al fin y al cabo soy una parte interesada. Es la sociedad, y los políticos que la representan, los que deben decidir si se cambia esta obligación", matiza el doctor Bonnín.

Si el médico mantiene unas buenas condiciones físicas y psíquicas, ¿cuál es el sentido de jubilarle cuando puede dar lo mejor de sí mismo y existe una carencia de profesionales? Esta es la pregunta que se formulan los profesionales consultados.

"No tiene que seguir necesariamente en el cargo que ostentaba antes, puede realizar otras funciones", señala el jefe de cirugía cardiaca, que tampoco aprueba el hecho de que el "sistema sanitario sea demasiado estanco. Hay personas que cogen una plaza y no la sueltan. De todas formas, resulta un poco injusto plantear esta cuestión sólo para la profesión médica. Hay muchas personas que desarrollan otras actividades que podrían continuar trabajando en plenitud de condiciones".

"Yo creo que debería modificarse esta norma de jubilarse a los 65 años. Creo que no estamos en condiciones de prescindir de buenos profesionales con experiencia cuando estamos admitiendo médicos de fuera que están peor preparados", sostiene el doctor Forteza-Rey.

"Un cirujano veterano, por ejemplo, que puede perder cierta habilidad con la edad, puede ser de una tremenda utilidad como ayudante de cirugía o emitiendo diagnósticos avalados por su experiencia o visitando a pacientes. La vida no acaba a los 65", sostiene este especialista maxilofacial.

"Las autoridades, en sus eternas luchas políticas, se preocupan mucho por las listas de espera. Las utilizan como arma arrojadiza y lo que debería primar es la calidad de la atención sobre la cantidad, y una mejor utilización de los recursos humanos en la sanidad pública podría conseguir que todo enfermo que es derivado por su médico de cabecera al especialista fuera visitado por éste en un máximo de quince días", propone Forteza-Rey.

Alfonso Ballesteros, presidente de la Real Academia de Medicina de Balears y uno de los fundadores del servicio de medicina interna de Son Dureta, tiene en la actualidad 65 años y trabaja, y continuará haciéndolo, como médico consultor en la Mutua Balear y en la clínica Palmaplanas.

El doctor Ballesteros admite que la continuidad del facultativo debería estar precedida de "una prueba psicofísica", pero deplora como sus compañeros estas "jubilaciones forzosas" en una época de carencia de médicos.

"El canciller Bismarck fijó a finales del siglo XIX la jubilación en los 65 años. Pero eran otros tiempos, poca gente llegaba a cumplir este plazo", dice con sorna al tiempo que repite el argumento de sus compañeros: en la actualidad la esperanza de vida de un hombre ronda los ochenta años. "Quince años de clase pasiva no puede ser muy beneficioso para el sistema de pensiones", abunda.

"Y la prejubilación debería ser sensible y flexible. No se le puede dar una guardia de 24 horas a un médico senior, pero sí puede dirigir una sesión clínica", sostiene el doctor Ballesteros.

El doctor Enrique Sala, que prosigue con su actividad de urólogo en la Policlínica Miramar tras jubilarse hace un año y cuatro meses de Son Dureta, asegura "que no me siento un jubilado", aunque lamenta que no haya una norma para que los jubilados mantengan un vínculo con la Administración. "Siempre que se contara con un historial de veinte o treinta años de trabajo en la pública, se podría plantear prolongar el tiempo de servicio de los médicos, aunque fuera dentro de otra categoría profesional, ya sea como seniors o eméritos. Y habría que sacar a estas personas de la labor asistencial. Podrían aprovecharse sus conocimientos en consultas de segunda opinión o en labores de docencia y formación", propone el doctor Sala , que admite que no pidió continuar en Son Dureta porque si su solicitud hubiera sido denegada "me hubiera ido como frustrado".

También critica que sea el Servei de Salut el que decida qué médicos pueden continuar, un sistema en su opinión "arbitrario y sujeto a intereses políticos o administrativos". Los médicos se jubilan en la pública pero, en la mayoría de los casos, continúan trabajando en la privada. Lo que no vale para unos, sí es válido para otros. Quizá, como apunta el doctor Forteza-Rey, todo radique en que los jubilados pasan a depender económicamente del Gobierno Central.

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