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Siniestros náuticos. Fraudes y letra pequeña de los seguros

¡Mayday, mayday, barco en peligro!

En épocas de crisis aumentan los siniestros, reales o fingidos, por la pérdida total de embarcaciones de recreo

 22:59  
Temporales de viento, fuerza mayor: indemnización perdida. Los temporales de viento u otro tipo de desastres naturales que suelen ocasionar importantes daños en las embarcaciones, estén a resguardo de un puerto o no, suelen ser considerados por las compañías de seguros como contigencias de fuerza mayor que no obligan a indemnización. Este fue el caso del temporal de viento que azotó las islas a finales de enero de este año y que provocó cuantiosas pérdidas en el Port d´Andratx. En la imagen, un velero varado por el viento en Portocolom.
Temporales de viento, fuerza mayor: indemnización perdida. Los temporales de viento u otro tipo de desastres naturales que suelen ocasionar importantes daños en las embarcaciones, estén a resguardo de un puerto o no, suelen ser considerados por las compañías de seguros como contigencias de fuerza mayor que no obligan a indemnización. Este fue el caso del temporal de viento que azotó las islas a finales de enero de este año y que provocó cuantiosas pérdidas en el Port d´Andratx. En la imagen, un velero varado por el viento en Portocolom.  Foto: José Tarancón.
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I. OLAIZOLA. PALMA. "En épocas de crisis como la que estamos viviendo, sube la incidencia de siniestros en las embarcaciones de recreo por pérdida total". Quien suscribe esta apreciación es Keefer Archer, del departamento comercial de Pantaenius, correduría de seguros dedicada exclusivamente al sector náutico desde hace más de treinta años y que tiene su delegación para España en Palma –"la bahía de Palma es el aparcamiento de embarcaciones de recreo más grande del Mediterráneo, no hay mayor concentración de barcos que aquí", sostiene–. Malos tiempos para las embarcaciones de recreo, los "juguetes de los ricos".
El coste de un barco, elevado de por sí, se incrementa con el 16% del IVA más el 12% del impuesto de matriculación vigente en España. "Esto supone casi un tercio más del valor del barco. Por eso es difícil ver grandes yates con bandera española", sostiene Archer. Desde Capitanía Marítima de Palma matizan que el 12% de impuesto de matriculación no es aplicable a las embarcaciones de menos de ocho metros, a las que evidentemente no se refiere el responsable de la correduría de seguros náuticos.
La picaresca se agudiza en tiempos de crisis. Mantener un barco resulta muy caro, y más aún cuando los ingresos disminuyen o, simplemente, has perdido tu puesto de trabajo.
"Ha habido casos de gente que ha asegurado barcos que ya no existen. Puede parecer extraño, pero la documentación y las fotos son fáciles de falsificar. Basta con pensar una cosa, ¿te piden alguna prueba de que efectivamente tienes ese coche cuando aseguras tu vehículo? No. Pues con los barcos pasa buena parte de lo mismo", señala Archer.
En la mayoría de los casos de fraude, el asegurado suele echarse atrás en su reclamación cuando la compañía pone en conocimiento de su abogado que ha descubierto el pastel y le emplaza a dirimir sus diferencias por la vía judicial. Y la cosa queda ahí, el defraudador se queda sin su dinero y la aseguradora renuncia a denunciarle por los costos del proceso judicial.

Diez veces más

¿Y no están amparando con esta actitud los intentos de fraude, la impunidad del infractor? "El coste que supondría para la aseguradora seguir adelante con el procedimiento judicial para, al final, conseguir encarcelar a un pobre desgraciado obligaría a toda la gente honesta a pagar diez veces más por su seguro", aduce Archer.
El responsable del departamento comercial de Pantaenius en España recuerda el caso de una persona que aseguró un barco que ya se había hundido en Eivissa. Lo hizo enviando documentación falsa y, cuando la aseguradora le requirió fotos recientes de la embarcación, le remitió unas de un barco de la misma clase. Pagó su prima y al año notificó que se iba al Caribe. Una vez allí consiguió documentación falsa que certificaba su entrada en un puerto de la zona. Más tarde reportó un choque en el mar, una vía de agua y el posterior hundimiento pese a sus ímprobos esfuerzos por intentar evitar el naufragio.
Todo se descubrió finalmente porque, curiosamente, la compañía sospechó ante la coincidencia de que el asegurado pudiera coger un avión con destino a España al día siguiente del supuesto naufragio desde el lugar en el que el náufrago había sido puesto a salvo por una patrullera. Esta, a su vez, lo había recogido de un barco de pescadores que lo encontró a la deriva a bordo de una lancha de salvamento.
Pero la mayoría de los intentos de fraude se hacen o se intentan hacer con los daños parciales. "El sesenta por ciento de las facturas que presentan los clientes a sus aseguradoras están sobrecargadas, el presupuesto final es el doble o triple del original. Les advertimos de que, a partir de daños por valor de más de 5.000 euros, las aseguradoras suelen enviar a su perito y que, si éste certifica el fraude, pueden rechazar el siniestro. Entonces se lo piensan mejor y empiezan a retirar facturas", ilustra Archer.

Letra pequeña abusiva

Aunque no todo son intentos de engaño por parte de los asegurados. Las compañías de seguros, en tiempos de crisis, hacen lo posible por no pagar los siniestros.
"Hay muchas compañías que no actúan en defensa de su asegurado y se escudan en una letra pequeña abusiva. Por ejemplo, algunas de estas aseguradoras, cuando una embarcación está fondeada sin ninguna persona a bordo, consideran que el barco no está asegurado, de la misma manera que cuando un yate está en un puerto sin la diligencia debida. ¿Y cuál es esta diligencia debida? Eso queda a criterio de la aseguradora. Se pueden agarrar a la falta de servicio de seguridad, a la no instalación de cámaras de vigilancia, a la ausencia de unas vallas de protección o a cualquier otra carencia de la que adolecen el setenta por ciento de los puertos deportivos del Mediterráneo", denuncia Archer.
Un botón de muestra de esta inseguridad en las instalaciones portuarias es una anécdota que recuerda el responsable del departamento comercial de Pantaenius. "Tuvo lugar en pleno día, en un puerto de Palma del que omitiré el nombre por responsabilidad. Pues bien, en pleno día, un camión con los logotipos de una empresa de reparaciones náuticas sorteó con facilidad los controles de seguridad y, en apariencia, se puso a trabajar en un yate de lujo allí atracado. Terminaron su trabajo y salieron tranquilamente por dónde llegaron sin tener que dar ningún tipo de explicaciones a nadie. La sorpresa se la llevó el legítimo propietario del yate cuando llegó a puerto y descubrió que habían arrasado con su embarcación llevándose hasta la electrónica del yate".
De todas formas, robar en un barco no es tarea complicada para la mayoría de los ladrones profesionales. "Sus cerraduras son de risa y el setenta por ciento de las embarcaciones guardan una llave en el tambucho de estribor, lo que simplifica sobremanera la labor sustractora", advierte el corredor.

Indemnización por su valor

También es práctica habitual de las compañías de riesgos asegurar el barco por su cotización en el momento del siniestro y una embarcación, transcurridos tres años desde su compra, pierde valor. "Lo legal consiste es pactar el valor del siniestro total en el momento de contratar la póliza, de tal manera que se te abone una cantidad fija en caso de pérdida de la embarcación, sea el año que sea en que se produzca", opina Archer.
Luis Sevillano, jefe de seguridad de la Capitanía Marítima de Palma, asegura que no han detectado un aumento de los siniestros náuticos con motivo de la crisis. De todas maneras, advierte que Capitanía no investiga los percances sufridos por las embarcaciones incluidas en las listas sexta (de recreo para alquiler) y séptima (de recreo).
"Por norma general, ni nos enteramos de estos accidentes, a no ser que las compañías de seguros reclamen a sus propietarios un reporte de nuestra institución. En ese caso vienen y nos entregan dos copias de un informe en el que cuentan la relación de los hechos y se llevan una firmada", explica Sevillano.
Lo que sí hace Capitanía Marítima es investigar los accidentes que puedan sufrir las embarcaciones profesionales. Estas están incluidas en la lista primera (remolcadores y plataformas), segunda (buques mercantes para el transporte de personas o mercancías), tercera (pesqueros), cuarta (embarcaciones auxiliares de pesca –en Balears, por ejemplo, los barcos coraleros–), quinta (embarcaciones de tráfico interior, servicios en los puertos, prácticos), octava (barcos de organismos oficiales como los de salvamento) y novena (en la que se registran los buques en construcción durante su armadura y mientras se ponen a flote, antes de realizar la labor para la que han sido botados, en cuyo momento se adscriben a la lista que les corresponda).
"Hacemos expedientes informativos de este tipo de incidentes que luego remitimos a la Dirección General de la Marina Mercante. Recientemente, un Real Decreto ha regulado la creación de una comisión de investigaciones de accidentes marítimos, para desarrollar estas investigaciones", matiza el responsable de seguridad de Capitanía.
Son malos tiempos para todo el mundo y la leyenda de que la crisis afecta menos a los ricos no es cierta. Las aseguradoras de barcos ven como la actividad de negocio está parada, como un velero al pairo en plena calma chicha.

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