MIGUEL MANSO. PALMA.
El gigante informático Microsoft se ha asentado físicamente en Mallorca a través de un acuerdo de colaboración con el Govern balear. A la puesta de largo de la sede en el ParcBit acudió ayer la plana mayor de la multinacional en España y del Ejecutivo autonómico –el president Antich junto a cuatro consellers–.
La compañía de Bill Gates abre en la isla un centro de innovación tecnológica que se suma a los otros seis existentes en Santander, Manresa, Valladolid, Huesca, Vizcaya y Guipúzcoa, y a los otros veinte repartidos por toda Europa. El de Mallorca es el primero del mundo especializado en tecnologías aplicadas al turismo. Su principal función consistirá en ofrecer un servicio de consultoría y formación a las empresas de la Comunidad dedicadas a desarrollar programas informáticos enfocados al turismo, por ejemplo, los destinados a la gestión de agencias de viaje o de establecimientos hoteleros.
"No estamos para vender nada. No vamos a competir con otras empresas, sino a colaborar con ellas", destaca Peio Oiz Arruti, director del centro denominado MIC Turisme, cuyas instalaciones ocupan 400 metros cuadrados en uno de los edificios del ParcBit. Para su puesta en marcha el Govern aporta 1,2 millones de euros, mientras Microsoft permite acceso a las investigaciones de sus "40.000 empleados dispersos por todo el mundo", explica su responsable en España y Portugal, María Garaña.
Incursión en Richmond
De cumplirse el compromiso, las empresas baleares tendrán acceso al cuartel general de la compañía de Bill Gates en Richmond (Virginia, Estados Unidos) y a sus productos cuatro meses antes de que salgan al mercado. A cambio, el centro obtendrá ingresos por los servicios prestados y que pueden alcanzar el 5% de la facturación del producto en el que haya participado. En una primera etapa, la instalación contará con cuatro empleados y en un futuro la cifra se elevará a doce.
El centro de innovación de Boecillo (Valladolid), dedicado en exclusiva a las tecnologías móviles, ha participado en 46 proyectos en sólo dos años, detalla María Garaña. De Boecillo, por ejemplo, proceden los dispositivos que envían datos de la evolución de las uvas desde el majuelo a la bodega, donde el enólogo puede tomar las decisiones sin haber pisado el viñedo y controlar, además, parcelas que se ubican a decenas de kilómetros de distancia.