JOAN RIERA / RIERA.DIARIODEMALLORCA@EPI.ES
Las conspiraciones de botiflers y maulets se sucedieron en Mallorca a lo largo de la Guerra de Sucesión. Los primeros, partidarios de Felipe V, eran conocidos como la Sinagoga por la abundancia de xuetes en sus filas. Los segundos, austracistas ellos, controlaron la isla hasta el final de la conflagración. Hay una característica fundamental en estas conspiraciones dieciochescas de salón. La sangre nunca llegaba al río. Los derrotados conservaban sus vidas y aunque en alguna ocasión perdían sus haciendas, al final acababan siendo resarcidos. Unos y otros eran los mismos lobos con distinto pelaje y yerra quien crea que los Habsburgo hubiesen sido menos centralistas y absolutistas que el Borbón.
Así eran las conspiraciones a la mallorquina hasta que UM decidió romper con la tradición y hacer del escándalo y la algarabía un arma de aniquilación del enemigo. Lo primero es formar un ejército de paniaguados que saben que deben su puesto de trabajo al jefe del partido y que cuando éste toca a rebato hay que aplaudir con fuerza y gritar "presidente" o "mi general" –algún clarividente ha descubierto que se libra una batalla–. ¡Qué tiempos aquellos en los que se militaba en un partido por ideología!, ¡qué tiempos aquellos en que los empleados públicos lo eran por oposición y no para ser vasallos de quien les coloca y no de quien les paga!
La guerra en UM se está librando con bombas sucias –artefactos explosivos que diseminan elementos radiactivos en la atmósfera– y por cada explosión será necesaria una limpieza a fondo. Del partido y de sus áreas de influencia.
¿Será posible un partido único en UM después del congreso del 11 de julio en el que, aparentemente Miquel Nadal y Miquel Angel Grimalt librarán una batalla a muerte política? Será difícil.
¿Intervendrá Maria Antònia Munar para buscar una tercera vía que sacrifique a los dos contendientes en pro de la unidad del partido? Es posible y algunas voces ya creen que es la única salida para preservar la unidad en el partido fundado por Jeroni Albertí.
¿Qué hará Cristina Cerdó con todos los colocados en Emaya si ella y su jefe pierden el congreso? Siempre podrían flirtear con el PP.