TOMÁS ANDÚJAR
Acaba de comenzar una campaña para las elecciones europeas sobre la que planea el fantasma de la abstención. La ciudadanía, con razón o sin ella, tiene mayoritariamente la opinión de que lo que deciden los diputados del Europarlamento no afecta de forma decisiva a su día a día. Si informes tan demoledores como el que denuncia los desmanes urbanísticos masivos en España no tienen ningún efecto sobre las políticas de la Comisión ni sobre las actuaciones de los estados asociados, es lógico que muchos europeos desconfíen de la utilidad del voto que les llaman a emitir el próximo 7 de junio. Por eso, si los dirigentes europeos quieren de verdad impulsar la construcción de la Unión deberían ser consecuentes y atender el clamor de los representantes democráticos de la ciudadanía.