VIRGINIA EZA. PALMA.
"Cogedme el perfil bueno", pedía un sonriente Miquel Nadal a los fotógrafos a su llegada a la sede de UM a primera hora de la tarde de ayer. Cuando casi tres horas después comparecía ante los medios de comunicación, su expresión era la opuesta. "Ha sido un juicio a Nadal", comentaban varios de los asistentes a la Ejecutiva. Uno de los miembros del sector crítico ya había dejado claras las intenciones cuando, al ser preguntado antes de la reunión sobre sus previsiones, afirmó: "O matamos, o nos matan". Las posturas estaban claras. Los críticos, no obstante, no llegaron hasta el final. Su intención inicial era la de someter ayer mismo a Nadal a una cuestión de confianza. Incluso estaban dispuestos a pedir que, si el presidente perdía esta votación, sus aliados en la Ejecutiva también abandonaran. Poco a poco, conforme avanzaba la reunión y Nadal se defendía, fueron reculando hasta aceptar un congreso extraordinario. Miquel Àngel Grimalt y Miquel Ferrer llevaron la voz cantante de las acusaciones contra Nadal, apoyados por Josep Melià y Margalida Miquel. Miquel Àngel Flaquer y Antoni Pascual fueron los principales defensores del presidente, además de él mismo. El enfrentamiento fue duro. Incluso uno de los apoyos de Nadal, Mateu Cañellas, se enfrentó a él por haberle propuesto como candidato para las europeas, lo que le hubiera obligado a dimitir como conseller de Deportes. Los argumentos de Nadal hicieron que Cañellas llegara a acusarle de faltar a la verdad. La tensión fue tan extrema que a las 18,20, hora y cuarto después de que se iniciara la Ejecutiva, Guillem Ginard abandonaba momentáneamente la sala en la que estaban reunidos con lágrimas. Media hora después dejaba la sede, ocultando sus ojos con unas gafas negras, antes de que acabara la reunión. Para entonces, Rafael Gili ya había resumido la situación: "hay dos bandos". La solución, el congreso extraordinario. Cuando al acabar la Ejecutiva Ferrer calificó de "cordial" la reunión, hizo estallar en carcajadas a los periodistas.