C. CANALS. PALMA.
Todo guitarrista sabe que colocar cuerdas nuevas en el instrumento es una operación delicada: a cada incremento en la tensión debe sucederle un descenso y un descanso antes de volver a tensar la tripa. Miquel Nadal no es guitarrista. La cuerda se le ha roto en las manos.
Los que conocen bien a este político palmesano han coincidido reiteradamente en señalar dos rasgos característicos de Miquel Nadal: una ambición rebosante y un cierto grado de inseguridad. Ninguna de ambas características es necesariamente nociva por separado. Juntas, pueden llevar a conductas inopinadas y ocasionalmente agresivas. Si a ello se añaden una abrumadora capacidad de trabajo y una tenacidad a prueba de balas, se completa el perfil del político que –con 49 años aún por cumplir– mantiene concejalía en Cort mientras se queda con la cartera de Turismo y vigila furtivamente el asiento de Antich.
Nadal llegó a la presidencia de UM tras un largo período a la sombra de Munar y de los segundos espadas que se ocupaban de fidelizar las bases del partido y el voto político. Su trabajo preferente fue institucional –en ello han insistido sus detractores–, en la conselleria de Cultura primero, en el Parlament y el Consell después, donde alcanzó la vicepresidencia. Ello lo alejó de la Part Forana, donde sus rivales habían mantenido el poder. Sin embargo, trabajó con ahínco por conquistar Palma y desde allí ha ido extendiendo su poder. Pero el asalto a la presidencia de UM no fue fácil.
Dijo primero que no optaría a ella –marca de la casa–, como antes había asegurado que sólo aceptaría el Pacto de Palma si se le daba la alcaldía. Ferrer –primero en postularse– y Ginard –una falsa alarma– le disputaron agriamente un cargo que Munar sentenció, en una entrevista clarividente publicada por este rotativo: "Nadal siempre ha sido el segundo de todo, ahora me puede suceder a la presidencia y si no, se va", decía. Y añadía: "Espero no tener que decirles nada a Ferrer, Nadal y Ginard". Sólo faltaba Grimalt en la quiniela de la perspicaz política.
El 75% de los votos avaló ajustadamente una supuesta llamada de las bases ("la gente quería que yo fuera presidente, pero con este equipo") y tranquilizó a sus socios de gobierno: "Ni Calvo, ni Antich ni Armengol temen nada, yo tengo palabra." Apenas doce días después, Nadal rectificaba otra vez: "No puedo garantizar que no habrá moción de censura con el PP".
En menos de seis meses de mandato, dos de las corrientes de UM se empezaron a girar contra la tercera, la de Nadal. La ex presidenta Munar rehuía a la prensa y su despacho en el Parlament era objeto de visitas continuadas. Tras sopesar apoyos, la rebelión callada se dio por vencida. Nadal se mostró eufórico.
Pero la crisis desatada cuando sustituyó a Xisco Buils al frente de Turismo –contra el parecer de muchos– despertó nuevamente a los dormidos. Nadal, confiado, seguía tentando las cuerdas y la suerte. Ahora la guitarra suena rota y desafinada.