Esta vez no ha habido paños calientes y aunque Ferrer habló eufemísticamente de una reunión "cordial", lo que ayer se escenificó en UM es una rebelión en toda regla contra la presidencia de Nadal. Los que no llegaron a dar el paso al frente para impedirle que accediese a suceder a Munar se han cansado de un líder voluble y veleta, cuya línea de actuación viene marcada exclusivamente por la búsqueda de la ambición personal, aunque ello suponga ser insolidario con otros barones del partido. Nadal gana tiempo para evaluar apoyos pero las hostilidades están abiertas y las europeas no las van a aparcar. Habrá que ver quién lidera el golpe, a plena luz o en la sombra.