MIGUEL MANSO. PALMA.
A golpe de martillo metálico, Hans von Rotenhan inaugura la subasta privada. Sobre la mesa, nueve inmuebles de Mallorca. El folleto de los organizadores, Palma Property Auctions S.L, recoge trece pero cuatro viviendas no han suscitado el interés de los compradores. A su izquierda, el notario Álvaro Delgado comienza a transcribir lo que ocurre en la sala habilitada en el Colegio de Abogados, llena de curiosos, periodistas y pujadores, en su mayoría alemanes.
Dagmar se acercó ayer hasta el centro de la Ciutat para comprobar el mecanismo de esta almoneda tan poco habitual. A Dagmar le interesa un adosado de 120 metros cuadrados en Sol de Mallorca (Calvià), pero no ha entregado la fianza –10% del valor de la propiedad– que le permite ofertar. Igual se atreve en la próxima subasta programada el 28 de julio. "Vivo con mi marido en una casa de alquiler en Son Verí. Es muy normal aunque su precio ronda los 1,6 millones de euros. Queremos cambiar y comprarnos algo", explica.
Las adjudicaciones de las fincas con un solo postor se resuelven rápido, al precio de salida y en privado. Con las restantes se abre una pugna de miles de euros. "Lote 112. Solar rústico de 15.990 metros cuadrados con licencia de obra en Sineu", describe Hans von Rotenhan. La liza arranca en 80.000 euros. Dos compradores transmiten sus órdenes por teléfono a sus representantes en la sala. El precio sube de 5.000 en 5.000 euros. Al final, la finca cae en manos del ‘señor 13’ por 100.000 euros. De él sólo se sabe que es mallorquín.
"Lote 119. Ático con vistas sobre el Mediterráneo en la urbanización Gran Folies (Andratx). Cinco habitaciones y dos baños. Precio de salida 720.000 euros", relata Hans von Rotenhan. Tres personas compiten. Joy, una joven con coleta, recibe instrucciones por teléfono desde Alemania y las canta al instante. Durante medio minuto se produce un careo millonario. La oferta final proviene del fondo de la sala. El jefe de Joy, a miles de kilómetros de la isla, calla. No replica. Abandona. El nuevo propietario, sentado en la última fila, luce un pañuelo naranja en el bolsillo de la americana y viste calcetines blancos. Es el ‘señor 10’.
La subasta ha concluido. El constructor murciano Carlos Bernabé aprieta los dientes. Depositó la fianza pero ha llegado varios minutos tarde a la puja. La puntualidad germana le ha jugado una mala pasada. Optaba al terreno de Sineu. "El precio de salida era buenísimo, a menos de la mitad de lo que valía", lamenta. Bernabé sopesa importar este tipo de almonedas a su tierra natal, donde hay un mar de adosados sin dueño. "Hay urbanizaciones que no se venden pese a tener un campo de golf al lado", resume.