CARLES CANALS
Balears sigue sientiéndose a salvo de ETA porque se considera una ratonera para el fugitivo, si verdaderamente es buscado. Pero está claro que la banda no se olvida del archipiélago y que la presencia real –más relajada en el ocio mallorquín que en el protocolo diario– es un suculento reclamo para los violentos. Van tres veces, que sepamos. Y lo dicho para el monarca es válido para los numerosos gobernantes que privadamente nos visitan. Aunque hace años que las policías están sobre aviso de que Balears también es un objetivo, ETA parece no renunciar al magnicidio en este territorio, pulverizando cualquier ilusión de seguridad. Conviene despertar.