M.F.R. PALMA.
Cuando una persona deja a algún ser querido en una residencia espera del personal algo que va más allá de la profesionalidad: espera "cariño". Las personas mayores son un colectivo frágil, vulnerable,que en algunos casos no puede valerse por sí mismo y que "hay que llevar en bandeja de plata".
Así lo entiende Tita Pomar, directora de Oasis y cabeza de la Asociación de Residencias Privadas de Mallorca. Pomar elude pronunciarse con rotundidad sobre lo ocurrido en Inca hasta que esté claro qué ha sucedido realmente, pero señala que si es cierto lo que se dice "no se puede comprender".
La directora de la residencia privada con más trayectoria de la isla (17 años en funcionamiento) tampoco comprende casos como el de la Llar de Pere Garau. "¿Cómo ha podido estar tanto tiempo abierta si no cumplía ni los requisitos más básicos?", se plantea. Cuenta que a su centro han llegado un par de antiguos usuarios de la Llar que aseguran estar "contentos" con la atención que recibían allí, pero, "todos tenemos que cumplir las normas" razona.
Esta veterana en el servicio residencial considera que el servicio de inspección funciona bien y que la normativa es "bastante estricta", pero recuerda que, normas aparte, es el deber del personal velar porque estas personas tengan calidad de vida en su última etapa, algo para lo que es fundamental el afecto. Lanza un mensaje de tranquilidad a la sociedad sobre el funcionamiento de las residencias: "todos los que trabajamos en ellas les damos todo el cariño que podemos".