reportaje. Educación. Integración del alumnado inmigrante
MAR FERRAGUT. PALMA.
Ellos no saben mucho sobre nosotros. Y nosotros no sabemos casi nada sobre ellos. Tras muchos años dándose la espalda, Europa y China han comenzado a conocerse en los últimos años. Occidente mira el despertar de China y estudia cómo prepararse. Mientras, los ciudadanos chinos que no están viviendo ese despunte económico se siguen desplazando a los países europeos para mejorar sus condiciones de vida. En Mallorca, el alumnado chino es un buen punto de partida para el encuentro de ambas civilizaciones.
La población china afincada en Balears no es de las más numerosas entre el colectivo extranjero, pero es destacable cómo ha aumentado en los últimos años: mientras en el 1991 en las islas sólo había 191 residentes originarios del país asiático en 2007 ya eran 2.867. En los colegios e institutos, se contabilizaron 546 estudiantes chinos.
El Instituto Aurora Picornell de Palma es uno de los escenarios donde más claramente se ha vivido esa evolución. En este centro público conviven una quincena de nacionalidades y más del 60% del alumnado es extranjero. De estos, la mitad son chinos.
De su experiencia en este instituto se sirvió Luis Vidaña, profesor asociado del departamento de Pedagogía y Didáctica Específica de la Universitat, para redactar un artículo sobre las características del alumnado chino, incluido en la última edición del Anuari de l´Educació de Balears de la UIB y la Fundació Guillem Cifre de Colonya. Hablando con estudiantes y profesores, se comprueba como lo descrito por Vidaña se ajusta a la realidad.
La inmigración oriental comenzó a llegar hace unos ocho años al Aurora Picornell. Desde entonces, y por un boca-oreja entre ellos, el número no ha parado de crecer. Nos reunimos con unos cuantos alumnos del Aurora Picornell que llegaron de China hace más de un año y ya han superado el Programa d´Acollida Lingüística (PALIC), un plan de estudios especial que prepara a los recién llegados especialmente en materia lingüística antes de incorporarse al curso ordinario .
Estos chicos son la prueba viviente de que los programas funcionan. En poco más de un año, estos jóvenes saben expresarse con digna soltura y pueden seguir una conversación. Eso sí, mejor el castellano que el catalán, que para ellos es la asignatura más complicada. No hay dudas sobre la más fácil: "las matemáticas".
Están en Secundaria, pero su nivel de matemáticas es de bachillerato. Enchong está en cuarto de ESO, lleva dos años aquí y tiene claro que las matemáticas "son muchos más fáciles". En general, los estudiantes chinos tienen un rendimiento muy alto en las áreas de ciencias ya que se potencian mucho en su país. La tutora de PALIC II, Lena Aguiló, lo confirma y explica que el idioma es la principal dificultad para el aprendizaje de estos aplicados alumnos. Recién llegados, sin saber nada de castellano ni de catalán, los profesores se convierten en auténticos artistas de la mímica. Otro recurso imprescindible son las imágenes. Como explica Antònia Rosselló, directora del centro, las películas son una herramienta básica para que interioricen conceptos que nosotros damos por supuestos. Así, Ben-Hur o Gladiator se convierten en la mejor forma de que conozcan la cultura base de Europa. Llegan sin saber nada sobre eso, así como los europeos no sabemos casi nada sobre la Dinastía Ming o sobre la cerámica china, por ejemplo.
Según explica Vidaña, el choque para el alumnado recién llegado es muy fuerte. Muchos aterrizan aquí en plena adolescencia -cuando uno ya tiene suficiente enfrentándose a uno mismo- y se encuentran en una isla remota de la cual no habían oído hablar en su vida y dónde se hablan dos lenguas. Todo es diferente. Enchong, a pesar de su timidez, no lo oculta: al principio es "muy aburrido" porque "no estamos acostumbrados aquí" y porque "no tenemos amigos". No es de extrañar que cuando entran al Aurora Picornell hagan piña entre ellos. Como dice la directora, "sin competencia lingüística es posible la tolerancia, pero no la integración".
La lengua es el principal obstáculo para padres e hijos. Según apunta Vidaña, una de las características más observables de las familias de los alumnos chinos, es su escasa participación en la escuela y su falta de relación con los autóctonos. Este hecho es causa y a la vez efecto de los problemas de los inmigrantes adultos con el idioma, lo que convierte a los hijos en sus mediadores lingüísticos con la sociedad. "Ayudamos a nuestros padres a hacer la tarjeta sanitaria y cosas así", cuenta Jun Mei. Para relacionarse con los profesores, al menos cuentan con un servicio de traductores facilitado por el Govern.
El mandarín es el idioma oficial de la República Popular China y de él derivan más de 50 dialectos. La escritura china consta de 7.000 ideogramas o caracteres simples y más de 25.000 compuestos. Aguiló es tutora de PALIC desde hace dos años y explica que, aunque no quiere, ya está empezando a aprender chino. Se resiste porque si empieza a hablar su idioma, los alumnos no aprenderán los de aquí, pero frente a 25 alumnos chinos es normal que tanto ella como los otros tres estudiantes de la clase (un filipino, un senegalés y un marroquí) acaben chapurreando palabras en mandarín.
La forma de enseñar de su país es otro abismo respecto al aprendizaje español. Como dice Vidaña y como confirman ellos mismos, vienen de un sistema muy autoritario y les cuesta mucho expresar sus dudas. Al principio son incapaces de levantar la mano, de preguntar algo, de protestar. Son callados, respetuosos, muy disciplinados y se concentran mejor que el resto de sus compañeros. Xiao Li cuenta que en su país los profesores "son muy serios" y "no hacen bromas",aquí "son más simpáticos", dicen, aunque sin embargo reconozcan que al principio "da vergüenza decir algo al profesor". Las niñas suelen ser las más silenciosas, apunta Rosselló, porque "no están criados en igualdad y ellas están más acostumbradas a callar".
Es normal que lleguen con esos sentimientos teniendo en cuenta que, según dice Li, en sus clases eran "50 ó 60 alumnos". Al aterrizar en el PALIC se encuentran con aulas de 27 estudiantes y dos profesores. Esa atención tan personalizada les desconcierta en un primer momento e incluso rehuyen del contacto con los profesores, aunque, según explica Aguiló, poco a poco van aceptándolo. Incluso, cuenta esta tutora , hace un mes una alumna le acercó dio un beso: un logro para unos estudiantes acostumbrados a pasar desapercibidos.
Para los profesores es difícil ponerse frente a una clase con un 90% de estudiantes chinos y no sólo por el idioma. Como cuenta Rosselló, no es fácil explicar algo a unos jóvenes sin comprender de dónde vienen, sin conocer su historia. La directora lamenta que Educación ofrezca "cursos de nuevas tecnologías " y similares, pero ninguno de materia, de contenidos útiles para dirigir un aula multicultural. Los docentes no saben cosas básicas para ellos, como que el apellido se escribe delante del nombre o cómo se pronuncian. Un profesor dice que en un primer momento tienen problemas hasta para distinguirlos.
Según el estudio de Vidaña (que precisa que cada alumno es un mundo), las familias orientales no se relacionan con los autóctonos, pero estos, en su mayoría, tampoco se esfuerzan en contactar con ellos ni en superar los tópicos interiorizados. A pesar de todo, parece que esta tendencia está cambiando y que el interés por la cultura y la lengua china crece año tras año, como demuestra que este curso la Universitat haya organizado por quinta vez sus cursos de Introducción a la Lengua y Cultura Chinas y de Lengua China II, con una treintena de matriculados. Además, 12 baleares cursan a distancia el segundo ciclo de Estudios de Asia Oriental por la Universitat Oberta de Catalunya. España comienza a darse cuenta que no es ninguna tontería interesarse por un idioma que hablan más de 1.100 millones de personas en el mundo. Ahora lo que que hace falta son más profesores.
Miss Tsang es una de ellas. Combina su trabajo en la UIB con su labor en el colegio Ágora de Portals, donde tiene los alumnos de chino más precoces de la región: estudiantes de mandarín de tan sólo cinco y seis años. Igual que los profesores del Aurora Picornell, Tsang tiene que hacer uso de su imaginación para enseñar. Mímica y canciones son sus aliadas. Y funcionan. Impresiona ver a los 27 alumnos de 1ºB cantando en chino sin apuros, escribiendo pictogramas en el aire con el dedo, contando hasta 20. "Y hasta 99", dice con orgullo Angus Christer, de 7 años. Afirma que sabe chino, "pero no todo", aclara. Su compañero Andrés Chacón no duda: "no es difícil".
No sólo no les parece complicado, sino que en clase "cada día es una fiesta" cuenta Tsang, quien se ha marcado como primer objetivo despertar su interés por el idioma de Confucio (algo que, viendo las caras de los niños, ya ha conseguido) para proseguir con una buena pronunciación. Por encima de todo, la finalidad es "abrir sus mentes", lo que concuerda con el espíritu de educación integral que persigue el colegio. Al ser niños-esponja y al no tener presión, aprenden más rápido que los adultos "y pronuncian mejor". Además, se lo pasan bomba.
Paradojas de la inmigración, al pequeño Andrés no le resulta difícil defenderse en mandarín, pero a la generación de niños de origen chino ya nacidos aquí sí tienen problemas: aprenden el castellano y el catalán en la escuela y hablan en chino con sus padres, pero no saben escribirlo ni leerlo. La Asociación de Chinos en Balears decidió tomar cartas en el asunto y hace dos años abrió una escuela para que todos estos jóvenes no pierdan sus raíces culturales. Desde entonces, el número de alumnos no ha parado de crecer. Los chavales superan de esta forma la bipolaridad de ser de aquí y de allí a la vez.
Dramas de la inmigración, la directora del Aurora Picornell cuenta que en la mayoría de los casos los estudiantes abandonan el sistema educativo cuando cumplen la etapa obligatoria. Al menos la acaban porque "son conscientes" de la importancia de la formación y de aprender el idioma, pero luego dejan de estudiar para echar una mano en el negocio familiar. En este instituto han visto varios casos tristes, como niños superdotados que luego han visto trabajando en un ´todo a cien´.
Afortunadamente, esto también está comenzando a cambiar. Enchong, Jun Mei y sus compañeros dicen que sí quieren llegar a la universidad y seguir cultivando sus puntos fuertes "ciencias y matemáticas". El proceso es lento, pero comienzan a verse chinos por los campus españoles. En la UIB, sólo son 8, pero ya es más que hace cuatro años, cuando sólo había uno. Roselló confía en que "de aquí unos años" sea más habitual que alcancen la educación superior; espera con ganas ese momento, porque será entonces "cuando llegará la auténtica integración".