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reportaje. La Guerra Civil en Mallorca

El señor López estuvo aquí

 
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Bruno Mussolini, tercer hijo de Benito, arrojó 8 toneladas de bombas sobre objetivos republicanos partiendo desde Mallorca

I OLAIZOLA. PALMA. "El vicecónsul británico Alan Hillgarth se entrevistó con él y le encontró muy ordinario. Se alojó durante su estancia en Mallorca en el Gran Hotel, bajo el nombre falso de señor López y, posteriormente, en el hotel Royal, ésta vez con el pseudónimo de Martinetti", revela el historiador palmesano Josep Massot i Muntaner, autoridad indiscutida sobre la Guerra Civil en Mallorca.
"En una carta remitida por Hillgarth al Foreign Office, éste apunta que Bruno Mussolini llegó a Mallorca el 29 de septiembre de 1937. En Palma se uniformó con los galones de teniente coronel, aunque más tarde pasó a usar el uniforme de un simple teniente", continúa Massot.
Pero la llegada de Bruno Mussolini a Mallorca es la concatenación de unos hechos que comenzaron un año antes. Los primeros militares italianos llegaron a la isla para apoyar a los alzados contra la República a finales de agosto de 1936. Estaban en territorio amigo. El general Goded, comandante militar de Balears, se había sublevado contra el Gobierno legítimo el 19 de julio de 1936. Tan sólo la isla de Menorca se mantuvo fiel a la República gracias a la intervención de los suboficiales y del pueblo llano.
El capitán Bayo, destinado en el aeródromo militar de El Prat de Llobregat, permaneció fiel a la República en los primeros compases de la contienda civil y fue encargado de dirigir la ocupación de Eivissa y Formentera, el 8 y 9 de agosto, y la invasión de Mallorca.
El 16 de agosto de 1936, las milicias de Bayo, reforzadas por una parte importante de la guarnición fiel de Menorca, desembarcaban en Punta Amer. Ocuparon rápidamente Porto Cristo y tenían Manacor, que carecía de guarnición, a apenas doce kilómetros de distancia. Pero las fuerzas republicanas perdieron un tiempo precioso en consolidar sus posiciones que fue aprovechado por las tropas rebeldes para rodear a las fuerzas de Bayo, que tan sólo pudieron llegar hasta Son Servera.
La reconquista de Mallorca fracasó y Bayo tuvo que reembarcarse el 4 de septiembre tras recibir órdenes del Gobierno, que temía que estas fuerzas fueran aplastadas por la superioridad aérea italiana, que ya había dado muestras de ella con los hidros republicanos. Además, en el Gobierno republicano había cierta preocupación por una internacionalización del conflicto ya que dirigentes fascistas se habían declarado dispuestos a enviar miles de camisas negras para mantener el control de Mallorca.
En este contexto bélico se produjo la llegada de los primeros militares italianos a Mallorca, el 26 de agosto de 1936. Y con ellos llegó el inefable Arconovaldo Bonacorsi, más conocido como el conde Rossi, que ni era conde ni ostentaba el cargo de general con el que gustaba adornar un sello que ordenó hacerse durante su estancia en Mallorca.
En realidad era un aventurero, un hombre, como el mismo se definió, "al que le gustaba vivir peligrosamente". Llegó poco antes del reembarco de las tropas republicanas tras su intento fallido de recuperar la isla. Sin embargo, tuvo tiempo para reclutar a sus "dragones de la muerte", 52 jóvenes, en su mayoría estudiantes falangistas, que fueron pelados al cero y partieron al frente envalentonados por las arengas de un convincente Conde Rossi para reforzar a las fuerzas nacionales en el frente de Manacor. No obstante, algunas fuentes afirman que ni siquiera llegaron a entrar en combate. En cualquier caso, se dedicaron a la represión de la población sospechosa de simpatizar con la República.
"El conde Rossi personificó la represión fascista en la isla. Tutti i rossi fucilati (todos los rojos fusilados) fue su lema. Lo único que consiguió es sembrar el odio hacia los fascistas en Mallorca", matiza Massot i Muntaner.
"Los primeros italianos que llegaron venían con una consigna clara: mantenerse tranquilos y no manifestarse en público. Todos se pusieron un nombre ficticio. Pertenecían a la Legión de Mallorca, reclutados forzosamente aunque oficialmente eran tenidos por voluntarios. También había militares alemanes, en Pollença, que por su carácter se mezclaron menos con la población que los italianos, mantuvieron más las distancias", indica Massot.
"Sin embargo, el conde Rossi era todo lo contrario, un auténtico exhibicionista que consiguió despertar los recelos de potencias como Francia e Inglaterra y el malestar del propio Ramón Franco, hermano del dictador, que exigió su salida de Mallorca", revela el historiador palmesano.
El conde Rossi tuvo que dejar la isla en diciembre de 1936. En un contexto internacional delicado, a Francia e Inglaterra les inquietaba la presencia de militares italianos en las Balears, un enclave estratégico desde el que se podía controlar el Mediterráneo y amenazaba las posesiones galas de Argelia y Túnez. Hasta tal punto que ambas potencias se plantearon una intervención militar en Mallorca en caso de que la presencia italiana se consolidase.
Tras la partida de Rossi, Francia, Inglaterra e Italia llegaron a un "acuerdo de caballeros" en enero de 1937 por el que los italianos se comprometieron a no quedarse en Mallorca tras su colaboración con los sublevados del general Franco, que por otra parte también temía los deseos de Mussolini de anexionarse la isla mediterránea. "Y los italianos cumplieron su palabra", recalca Massot.
En este contexto llegaría meses después Bruno Mussolini, que mantuvo todo lo posible el anonimato y la discreción para no volver a despertar suspicacias por la presencia militar italiana. Pero no tan sólo por eso. El hijo del dictador italiano era una pieza jugosa que cualquier aviador republicano querría cobrarse. Algo similar, salvando las distancias, al secretismo con el que se rodeó la misión del príncipe Harry de Inglaterra en Irak.
"A su padre le encantó la idea. Pensaba que Mallorca era un escenario ideal para que se desfogase un joven de diecinueve años. No pensaba lo mismo su progenitora Rachele. Como toda madre estaba muy preocupada teniendo a su hijo realizando peligrosas operaciones de bombardeos", razona el historiador palmesano.
Como se menciona más arriba, Hillgarth documentó que Bruno Mussolini llegó a Palma el 29 de septiembre de 1937 con el XXVIII Grupo del octavo Stormo di Bombardamento Veloce, su unidad aérea.

El bombardero más veloz

Y se puso manos a la obra rápidamente. Alicante fue, el 30 de septiembre, el objetivo elegido para su bautismo de fuego en tierras españolas. A los mandos de un trimotor Savoia-Marchetti SM79, el bombardero más veloz de la época bautizado por los fascistas como sparviero (gavilán), lanzó cuatro bombas sobre la ciudad levantina a las once de la noche.
Un día después, el 1 de octubre, el vástago de Mussolini participó en un sangriento ataque aéreo sobre Barcelona que se cobró la vida de cincuenta y cinco civiles.
Pero la carga máxima de bombas que podía transportar el sparviero, 1.250 kilos, se la reservó Bruno Mussolini para el bombardeo que llevó a cabo sobre Valencia, por aquel entonces capital de la República, a las diez de la mañana del domingo 3 de octubre de 1937. Los ataques de la escuadrilla italiana causaron medio centenar de víctimas mortales, así como heridas de diferente consideración a otras ochenta.
La última incursión aérea que llevó a cabo el hijo de Mussolini se produjo en Peñíscola, el 20 de octubre. En su libreta de vuelo quedaban apuntadas 8 misiones, 25 horas de operaciones y alrededor de 8.000 kilos de bombas lanzados sobre varias ciudadades del litoral mediterráneo peninsular, desde Roses hasta Cartagena.
Massot i Muntaner afirma que Hillgarth, en otra carta remitida al Foreign Office, apuntó a mano al margen que Bruno Mussolini abandonó la isla el 12 de noviembre de 1937. Un regreso precipitado quizá porque se había convertido en un objetivo principal para los aviadores republicanos. El hecho es que su destino le esperaba el 7 de agosto de 1941 cuando su avión, un nuevo bombardero Piaggio P.108B de 4 motores, sufrió una brusca pérdida de fuerza y se estrelló contra la pista de aterrizaje en Pisa.

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