ANTONI RUIZ
La segunda experiencia de gobierno del Pacte de Progrés se ha movido en unos parámetros muy diferentes a los que se encontraron ocho años atrás. Los inicios vinieron marcados por la cercanía de las elecciones generales, que podían plantear un escenario casi inédito en la vida política de la autonomía, la confluencia en el Consolat y La Moncloa de dos gobiernos afines lo que iba a redundar en unas perspectivas favorables.
A un estreno al ralentí, de sacar a la luz el agujero oculto de Matas, de pechar con proyectos heredados como Son Espases o el Metro, le ha seguido un escenario que en principio se antojaba favorable: el triunfo del PSOE en Madrid que permitía augurar el fin de una discriminación inversora hacia estas islas. Con lo que no contaba Antich era con un escenario de crisis, de ruptura de la burbuja inmobiliaria, de altos precios del combustible, que marcarán la legislatura y que pone a prueba los resortes del ejecutivo para manejarse en tan delicada situación. Si con buena perspectivas cuesta sacar adelante un proyecto, el guión actual nos muestra a un Govern que está parando golpes y esperando que deje de llover. Y con una oposición que no atosiga.