TOMÁS ANDÚJAR
El sector inmobiliario ha sido en los últimos años en Mallorca, igual que en buena parte de España, la gallina de los huevos de oro. Grandes especuladores han aprovechado los constantes incrementos del precio de los inmuebles, que a algunos se les antojaban eternos, para invertir cinco y ganar diez en pocos meses, a costa casi siempre de quien adquiría su vivienda por necesidad. En este contexto, muchos pequeños ahorradores también han querido hacer su agosto y han entrado en la rueda de la abundancia con la esperanza de obtener rentabilidades astronómicas. Los últimos entre éstos tienen ahora un grave problema: los pisos para los que dieron la entrada ya no se venden y no pueden adquirirlos definitivamente. La especulación tiene sus riesgos.