JOAN RIERA
El manifiesto de un grupo de intelectuales en defensa del castellano es muy necesario y realista. Excepto en algún pequeño detalle. Por ejemplo, si donde han escrito castellano hubiesen puesto la palabra catalán se hubiera ajustado mucho más a lo que de verdad ocurre en Balears.
Los firmantes son intelectuales con un gran bagaje cultural, pero no deben haber pisado jamás las calles de las islas para conocer qué lengua está amenazada. En esta comunidad hay mucha gente que vive exclusivamente en castellano, pero nadie puede vivir sólo en catalán. Ni siquiera cuando la relación se establece con la administración pública autonómica o municipal, supuesto averno en el que, según los intelectuales encabezados por Fernando Savater, se consume la bella y útil lengua de Cervantes o de Manuel Vázquez Montalbán.
Lo peor del manifiesto no es su defensa del castellano o del bilingüismo. Lo lamentable es el menosprecio hacia las otras lenguas que se hablan en España. Algunas de las cinco propuestas finales son aceptables y aplicables a todas las lenguas del mundo. A las mayoritarias y aún más a las minoritarias. Pero en el preámbulo se cuela una frase lapidaria: "Es lógico que siempre habrá muchos ciudadanos que prefieran desarrollar su vida cotidiana y profesional en castellano, conociendo sólo de la lengua autonómica lo suficiente para convivir cortésmente con los demás y disfrutar en lo posible de las manifestaciones culturales en ella". Es decir los firmantes del manifiesto pretenden otorgar a los idiomas que no son el castellano un tratamiento folklórico y/o residual.
Ignoran, o tal vez obvian, que el castellano es omnipresente. El viernes sólo siete de cada cien baleares vieron una televisión que emitiera en catalán.
* ¿Es necesario castigar al contribuyente llevando el servicio de Renda Àgil a un sitio inhóspito y de difícil acceso para ciudadanos con problemas de movilidad como es el Parc de sa Riera?
* ¿Tiene alguna utilidad un debate sobre el estado de la ciudad en el que Aina Calvo y Catalina Cirer se dedican a repetir lo dicho a lo largo de los últimos meses en medio del desinterés general de los ciudadanos y de los medios de comunicación? Sí, facilitar la siesta a quienes se congregan en el salón de plenos.
* ¿Nos depararán nuevas sorpresas las vicisitudes ocultas del ex teniente de alcalde del PP en el Ayuntamiento de Palma Javier Rodrigo de Santos? Dios no lo quiera.