un año de govern. El ejecutivo del segundo Pacte de Progrés cumple doce meses de mandato
TOMÁS ANDÚJAR. PALMA.
El segundo Govern del Pacte de Progrés que preside Francesc Antich llega a su primer aniversario casi de puntillas. El Ejecutivo multipartito ha deambulado la mayor parte de los últimos doce meses en un segundo plano de la actualidad. La sucesión de nuevos casos de presunta corrupción, protagonizados algunos por dirigentes del PP y también por miembros de UM, partido socio del pacto; la crisis económica que se acentúa día a día; la lucha por los liderazgos en el PP, huérfano por la precipitada marcha de Matas y descolocado tras perder el gobierno de todas las instituciones importantes; la renovación de la presidencia de UM; las elecciones generales; y las huelgas de los funcionarios de Justicia, profesores de la enseñanza concertada y médicos han dejado poco espacio informativo.
Pero al margen de estos hechos, la mayoría de los agentes sociales y de los periodistas consultados para elaborar el balance recogido en estas páginas coincide en que el Ejecutivo ha mostrado más voluntad que acción y ha gobernado al ralentí. Además, en contra de la consigna que hacía repetir a sus miembros al inicio de la legislatura: "Hemos aprendido de los errores del anterior Pacte", las costuras de la alianza se han demostrado débiles en más de una ocasión. La primera prueba de ello se produjo cuando Antich decidió mantener Son Espases como lugar de construcción del nuevo hospital de referencia, en contra del criterio del Bloc y del expresado por su partido antes de los comicios del 27-M. La unidad saltó por los aires, pero era pirotecnia política, puesto que el Pacte siguió vigente sin ninguna revisión de sus planteamientos. Después han venido otras disensiones públicas en torno a la ley de vivienda, el decreto de admisión de alumnos y los presupuestos de 2008. De hecho, en muchas ocasiones algunos consellers, sobre todo los de UM, parecen ir por libre.
Quizá la comparación sea injusta a tenor de las duras consecuencias para las arcas de la Comunidad, pero el Govern de Matas inició la pasada legislatura como un torbellino si se contrapone al Ejecutivo actual. No obstante, hay que tener en cuenta que la enorme deuda dejada por el ex president retirado, sumada a los problemas de financiación y a la profunda desaceleración económica, limitan, y mucho, su capacidad de actuación. En el haber del Govern del Pacte hay que contabilizar actuaciones de calado como la ley de medidas de protección del territorio, el pacto por la vivienda, la ley de servicios sociales, los proyectos de ampliación de la red ferroviaria, la búsqueda de un gran acuerdo de competitividad con los agentes sociales, la apuesta por mejorar las infraestructuras educativas, la creación de la Agencia Tributaria propia y la fiscalización de los gastos de los altos cargos (actuales y precedentes). Es un saldo escaso para las expectativas creadas, pero el balance final no llegará hasta 2011 y corresponde hacerlo a los ciudadanos.