REDACCION. PALMA.
Las actividades de la mafia rusa en Mallorca se han desarrollado con intermitencias a lo largo de los últimos tres lustros. En ese lapso, han adquirido propiedades, sociedades y negocios -a veces por cantidades estratosféricas-, sin que en ningún momento fueran importunados por los profesionales encargados de velar por la pureza de esas transacciones. En agosto de 2000, Gennadios Petrov se hizo con la explotación de un céntrico bar, situado en la cuesta palmesana de Conquistador.
La operación de Petrov en el sector de la restauración fue llevada a cabo a través de la sociedad cuya sede fue registrada ayer en Palma, y cuya denominación mercantil es Inmobiliaria Balear 2001 S.L. Pese a su nombre y a su actividad en Mallorca, estaba domiciliada en Madrid cuando se sustanció la compra. La fórmula consistió en un traspaso de la explotación desde el anterior empresario.
El cambio en el céntrico establecimiento no pasó desapercibido a los vecinos de la zona ni a los habituales del mismo. Los comentarios proliferaron, aunque sin alcanzar jamás a la verdadera jerarquía de Petrov en el escalafón mafioso. Las investigaciones llevadas a cabo en Mallorca sobre las actividades de magnates rusos no siempre han culminado en detenciones. Una de las indagaciones policiales más completas se desarrolló en el Paseo Marítimo de Palma. De haber fructificado, hubiera demostrado la colusión de intereses de Rusia y Alemania, de dudosa legalidad y con conocidos protagonistas. Con los trámites y seguimientos muy avanzados -incluido un aparatoso dossier fotográfico-, el procedimiento languideció.