entrevista. J.M. López Nadal/Embajador español en el sudeste asiático
CARLES CANALS. PALMA.
El embajador de España en el sudeste asiático, Juan Manuel López Nadal (Palma, 1951), habla con pasión de la crisis natural y política que atraviesa Birmania, país al que se resiste a llamar Myanmar. "Esa es una denominación que impuso por decreto en 1993 la Junta Militar, y no ha sido asumida por ninguna institución democrática ni por la oposición", explica el mallorquín. El Ministerio le ha hecho caso y habla de Birmania.
-La Junta Militar sigue controlando el acceso de los cooperantes internacionales, y la ONU avisa que tras el ciclón sólo un tercio de los necesitados recibe socorro. ¿Se puede auxiliar a un país que entorpece la colaboración?
-Esa es una respuesta que quisiera tener. Es un problema insólito que el régimen de un país dificulte la ayuda a su población. El debate internacional es intenso, y el ministro francés de Exteriores, Gerard Kouchner, ha invocado una resolución de Naciones Unidas de 2005 que establece el derecho internacional a proteger a una población si su gobierno o estado la abandona o desprotege. Esto exigiría una resolución de Naciones Unidas, y la duda es si dos países (China y Rusia) que simpatizan con el régimen birmano ejercerán su derecho al veto. Otra propuesta es lanzar desde el aire la ayuda, aunque esto puede suponer un conflicto con las fuerzas militares del régimen. La Junta Militar es extraordinariamente xenófoba y ultranacionalista, desconfía de cualquier fuerza extranjera y sobre todo de las occidentales.
-¿Cómo se materializa esa desconfianza?
-Selecciona la ayuda. Acepta a cuentagotas la de China, de India, de Tailandia, de los países de la ASEAN, pero no de los países occidentales. Y sólo muy limitadamente de las Naciones Unidas, de la Unión Europea o de las ONG. Lo que no deja es entrar personal humanitario de estas organizaciones o cooperantes de las entidades.
-Si bien rechaza el control extranjero, la Junta ha tenido que anunciar medidas contra quienes acumulen o comercien con el material de emergencia...
-...Lo cual es muy sorprendente, porque son ellos mismos los que lo están haciendo, según han denunciado las ONG y las Naciones Unidas. La Junta puede estar internando en campos de concentración a la población de las zonas afectadas, para tenerla bajo su control; y la gente está tan desesperada que trata de huir para evitarlo. La población no sólo ha sido castigada por la naturaleza, sino por un régimen tiránico, corrupto y manifiestamente incompetente.
-¿Puede esta crisis natural afectar a la estructura política de Birmania?
-Muchas veces las grandes catástrofes humanas o naturales han servido para cambiar las coordenadas de una situación política. Lo digo más como una esperanza que como un análisis. Precisamente su temor paranoico es que al abrir la mano a a ayuda pueda significar perder el proceso y que se los acuse por lo que han hecho durante estos últimos años (en referencia al genocidio de las minorías étnicas), que no es poco. Por ello, en vez de gestionar la ayuda han celebrado un referéndum que es una farsa, para legitimarse.
-Pero si la Junta no mejora su gestión de la crisis es previsible que puedan renovarse las protestas civiles.
-Estoy de acuerdo, es el mismo análisis que hemos hecho los diplomáticos europeos a nuestros países. El problema, en Birmania distaba de estar resuelto antes del ciclón. Al desastre humanitario se sumarán las subidas de precio de los carburantes, la pérdida de las cosechas de arroz y su encarecimiento, la posibilidad de epidemias, de hambre... En una situación de desesperación es muy posible que la gente se lance a la calle, porque no tiene nada que perder, con resultdos peores incluso que el año pasado o en el 88. Esperamos además que los países próximos apoyen la renovación, dado que esta circunstancia causa inestabilidad en la zona, con masas de refugiados.