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Mallorquines en el lugar del ataque

Pesadilla de balas en la noche más oscura

Un mallorquín, residente en París desde hace 25 años, narra la tragedia vivida a través de su amigos

15.11.2015 | 01:58
Los hermanos Baraquin, a la puerta de su restaurante, a pocos metros de la sala Bataclan.

Escribo estas líneas aún bajo el shock del drama vivido en París la noche del viernes, una noche blanca y roja. Blanca, insomne, colgado del teléfono y delante del televisor. Roja, de sangre.

Salí de París el jueves pasado para vivir lo que se suponía un tranquilo fin de semana en Normandía. Ese mismo día, habíamos comido en La Cave de l'Insolite, el restaurante de unos buenos amigos, Arnaud y Axel Baraquin, cerca del Boulevard Voltaire, donde aparcamos el coche.

La noche del viernes estábamos cenando junto a la chimenea con la tele puesta en plan ruido de fondo y siguiendo a medias el amistoso entre Francia y Alemania en el Stade de France. Y a mitad de partido suena el teléfono y Arnaud, con la voz entrecortada, nos cuenta que están encerrados en la Cave, luces apagadas y los clientes, unos en la bodega y otros en un patio interior. La calle está acordonada, cerrada al tráfico, hay policías por todo y aún suena el eco de las ráfagas de Kalashnikov. El Bataclan, a escasos 500 metros, ha sido el escenario no de un concierto de rock, como estaba previsto, sino de una tragedia, un terrible atentado que se saldaría con 129 muertos y cerca de 300 heridos, 90 en estado crítico. Una noche "festiva", viernes 13, en unos distritos populares, el X y el XI, frecuentados por la gente joven, llenos de bares y de restaurantes, una de las zonas de ocio favoritas de los parisinos.

Arnaud aun no da crédito a lo que está viviendo, van a pasar cuatro horas refugiados en el interior de su local, a oscuras, y con absoluta prohibición de salir a la calle. A eso de las nueve se oyeron unos ruidos, parecían petardos, y a la de tres, sirenas, gente corriendo, caras de pánico, manchas de sangre en la ropa, y un despliegue policial inusual. Órdenes estrictas, nadie en la calle, en el Bataclan ha habido un atentado terrorista seguido de una toma de rehenes. En ese momento se especula con 30 muertos y numerosos heridos.

Como pueden imaginar, cambiamos de canal y en casi todas las cadenas se estaba ya viviendo en directo el drama. Ya se hablaba de atentados simultáneos, perfectamente coordinados, en zonas relativamente próximas, salvo el Stade de France en Saint Denis. El estadio donde el Presidente, F. Hollande, seguía en directo el partido y donde tuvieron lugar las primeras explosiones. De pura casualidad se evitó lo que podría haber sido, si cabe, aun una tragedia mayor. Parece ser que unos de los terroristas "kamikaze" se sintió descubierto, o presa de los nervios, se auto inmoló antes de tiempo, y sus fanáticos colegas, otros dos descerebrados, lo tomaron como una señal/signo acordado y también encendieron la mecha, pero todo fuera del estadio, y cuando el centro comercial cercano estaba casi vacío.

Lo de la rue Charonne y los otros escenarios de la noche negra fue de pesadilla, balas indiscriminadas contra gente cenando o disfrutando de un plácido viernes, de una temperatura atípica en un Paris otoñal que invitaba a pisar la calle.

Ahora mismo la televisión lleva 24 horas repitiendo en bucle la tragedia, y ya sabemos que los de Daesh están detrás de la barbarie. Pero lo peor es la sensación de impotencia y el miedo de que esto igual aún no ha terminado. Francia vive en "estado de urgencia", una situación que no se recordaba y que remonta a la Guerra de Argelia, al año 1961. Todavía no sé cuándo volveremos a París, menos mal que el teléfono e Internet me han permitido tranquilizar a los míos. No recuerdo, y llevo 25 años viviendo aquí, una situación similar, y lo digo consciente del terrible enero de 'Charlie', pero desde entonces, la memoria es selectiva y nos hace guiños raros, el personal había recuperado la serenidad, y, una vez pasada la inmensa emoción inicial, volvió a la rutina cotidiana.

Esta vez será distinto, París, Francia y Europa están de luto.

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