Oriente Medio

La ola de violencia entre israelíes y palestinos se agrava

Un total de 34 palestinos y 7 israelíes han perdido la vida en los ataques de las dos últimas semanas

14.10.2015 | 22:23
Dos mujeres palestinas lanzan piedras con sus tirachinas.

Jerusalén volvió a ser hoy escenario de nuevos ataques cometidos por palestinos en medio de un despliegue de medidas de seguridad sin precedentes y de la colocación de controles y barreras en los barrios árabes.

La última agresión ocurrió esta tarde en las inmediaciones de la estación central de autobuses, un blanco emblemático por ser un lugar concurrido y bullicioso en la parte oeste judía.

Allí, una mujer de 70 años resultó herida de gravedad al ser apuñalada en el estómago por un palestino que fue abatido a tiros por un agente de la Policía de Fronteras que se encontraba en el lugar de los hechos, informó la Policía. El suceso se produjo en las inmediaciones de la estación cuando la mujer se disponía a abordar un autobús.

La Policía indicó que el conductor del vehículo abrió las puertas para permitir que la víctima entrara y las cerró antes de que lograra subir el atacante, un palestino unos 26 años residente de Ras El Amud que, según el Canal 10 de la televisión israelí, estaba en libertad condicional por tirar piedras y participar en desórdenes.

Este fue el segundo ataque de estas características pues, horas antes, fuerzas israelíes frustraron otro que iba a cometer un palestino con una navaja en la Puerta de Damasco, uno de los principales accesos a la ciudadela amurallada de Jerusalén, en la parte este de la ciudad.

El agresor fue tiroteado y murió tras intentar apuñalar a un agente israelí.

El incidente dejó además a un viandante herido por disparos, que fue trasladado a un hospital, y a un turista herido leve, que fue atendido en el lugar de los hechos.

El sospechoso fue identificado por medios de comunicación como Basem Sader, residente de la ciudad cisjordana de Hebrón, que vestía uniforme de camuflaje, según fotografías difundidas por la Policía.

Con estos dos últimos fallecidos son 34 los palestinos muertos en la ola de violencia que sacude la región desde el uno de octubre, al menos trece de ellos autores de ataques en los que han sido asesinados un total de siete israelíes, en su mayoría por arma blanca.

Los ataques de hoy elevan a doce la cifra de los ocurridos en Jerusalén en tan solo dos semanas, una tendencia que llevó al Gobierno de Benjamín Netanyahu a aprobar el martes medidas extraordinarias para frenar la ola de acuchillamientos.

Algunas de las decisiones empezaron a ejecutarse hoy, como el cierre o bloqueo por parte de las de fuerzas de seguridad de los principales accesos a los barrios palestinos considerados más conflictivos.

A primera hora de la tarde llegaban al barrio de Yabel Mukaber, en el sureste de la ciudad y hogar de cuatro de los atacantes y presuntos atacantes de los últimos días, grúas y camiones cargados con enormes bloques de hormigón para impedir o ralentizar el tráfico.

Vecinos y curiosos miraban cómo los operarios, escoltados por unidades de la Guardia de Fronteras, cerraban varios accesos al barrio y empezaban a pedir la identificación a quienes quería salir del mismo.

"Esto se va a convertir en un lugar como (el campo de refugiados de) Shuafat: habrá disturbios continuos", dijo en declaraciones a Efe Hasan Abdo, uno de los residentes, que añadió que "cerrar los barrios palestinos no es una solución: calentará los ánimos y empeorará la situación".

Según Mohamed, otro vecino, el gobierno israelí "toma decisiones rápidas y mediáticas con el único objetivo de contentar a los colonos y a la ultraderecha".

Recordó que no solo muchos residentes de Yabel Mukaber trabajan en el oeste de la ciudad, sino que, además, cerca del ochenta por ciento de la población es religiosa, por lo que "al menos cada viernes van a la ciudad vieja para rezar en Al Aqsa".

Si empiezan a tener dificultades para acceder al resto de la ciudad, vaticina, "habrá problemas".

Al cierre o cerco a algunos de los barrios palestinos se une también el despliegue de tropas del Ejército en apoyo de las policiales en varias ciudades del país y otras medidas como la demolición inmediata de las viviendas de las familias de los atacantes, que podrían sembrar la semilla de nuevos disturbios en el futuro.

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