J.L. NAVAZO. PALMA
Saâd Eddine El Othmani. Ministro de Asuntos Exteriores de Marruecos. Saâd Eddine El Othmani visita hoy España en su primer viaje oficial a Europa, un viaje en el que mantendrá un encuentro con su homólogo español García-Margallo y será recibido en audiencia en el palacio de La Zarzuela por el rey Juan Carlos. Ayer, tras despachar con el rey Mohamed VI en Rabat, concedió esta entrevista en exclusiva para el grupo Editorial Prensa Ibérica (EPI).
—Conoce nuestro país desde 2005 y España es el primer país europeo al que gira una visita oficial. ¿Tiene eso algún significado?
—Además de ser nuestro segundo socio comercial, con un volumen de intercambios en comercio exterior que superó los seis mil millones de euros en 2010 y 2011, aunque el balance comercial es tradicionalmente deficitario para Marruecos, con España nos une la geografía y siglos de una rica historia compartida. Además, el primer viaje de cada nuevo presidente español es siempre a Marruecos. Al menos por mi parte, he intentado corresponder. Lo que está muy claro es que, pese a lógicas diferencias como vecinos, España y Marruecos comparten riesgos y alternativas comunes, nuestra alianza estratégica está muy por encima de desavenencias puntuales.
—¿Quiere decir eso que el primer viaje a Europa del jefe del gobierno marroquí, Abdelilah Benkirán, será también a España...?
—Inch´Alah! [¡Si Dios quiere!].
—El Magreb está en ebullición y pronto volverá la primavera. ¿Cómo ve a Marruecos en el contexto de las revueltas árabes?
—Usted ha podido verlo, aquí hay una libertad notable para manifestarse, como el 20 de febrero en Rabat. Pero el pueblo marroquí es maduro, nadie quiere volver al pasado y bajo el impulso de Su Majestad el rey Mohamed VI con su discurso del 9 de marzo, el país ha encarado una batería de respuestas que, lógicamente, lleva un tiempo para su aplicación: hay una nueva Constitución, aprobada por un amplio consenso y unas elecciones libres en las que nosotros, el PJD, resultó claro vencedor. La monarquía marroquí no ha sido nunca puesta en entredicho. El gran reto para el desarrollo del país es dar salida a la problemática social y consolidar una clase media, la mejor garantía para la estabilidad. Estamos en camino, Su Majestad está firmemente comprometido con su pueblo y mi gobierno sabe bien para qué se le ha votado: para solucionar los problemas de los marroquíes.
—Usted es de origen beréber y francófono, pero intuyo que parece sentirse más a gusto en España que en Francia.
—Sí, mi familia es amazigh y ésta es una de las señales de mi triple identidad, junto a la islámica y la marroquí. Francia es un gran país y el primer socio de Marruecos aunque, efectivamente, yo siento un gran afecto por España y debo subrayar que siempre que he viajado allí me he encontrado como en casa, siendo muy bien acogido. También pesan en la balanza las raíces comunes, España y Marruecos son países que se complementan, estamos uno al lado del otro, debemos encarar el siglo XXI juntos.
—En España hay más de un millón cien mil musulmanes, el 90 % de ellos marroquíes y un buen puñado aún sin regularizar. ¿Se le ocurre alguna idea?
—Lamentablemente y junto a millones de españoles, el paro ha prendido en ellos y muchos se están repatriando. Sabemos y agradecemos que ciento ochenta mil emigrantes marroquíes gocen de ayudas sociales, máxime en un momento de recesión tan duro para España. También ha ayudado la política subvencionada del retorno voluntario. Algo debemos estudiar.
—¿Es Marruecos un país seguro para la inversión española?
—Sin duda siempre hay cosas que mejorar, pero el empresariado español debe saber que es muy bien recibido en Marruecos. También nos está golpeando la crisis mundial, pero nuestra economía mantiene un buen ritmo de crecimiento y Marruecos es un estado de derecho y ofrece muchas oportunidades. Hay ya centenares de empresas españolas en mi país en el sector inmobiliario, del automóvil, del turismo y también de la banca, que han contribuido a generar más de quince mil empleos, eso es muy importante para nosotros. Y vamos a cuidarlo e impulsarlo.
—España tiene un alto interés en el acuerdo pesquero a la vez que muestra ciertas reticencias al acuerdo agrícola. ¿Se pueden compaginar ambos intereses?
—Hay que hablarlo todo. Recuerdo que en un contexto de nuestras relaciones un tanto complicado, cuando la crisis del buque Prestige en A Coruña, Su Majestad Mohamed VI invitó a los pesqueros gallegos a faenar en nuestras aguas. Debemos buscar un equilibrio, beneficioso para ambas partes, eso es lo justo. Somos vecinos, somos amigos, tenemos que ayudarnos mutuamente.
—Un asunto pendiente es la delimitación de las aguas territoriales, por ejemplo en Canarias. ¿La ´mediana´ es una solución?
—Hay muchas cosas por hablar y buscar un acuerdo. Se puede también abordar el aprovechamiento de recursos de forma conjunta, es una de las posibilidades. Marruecos como España son países respetuosos del Derecho Internacional, esa es una referencia.
—¿Qué le diría a los españoles sobre el Sáhara Occidental, las Provincias del Sur para Marruecos?
—Las Provincias del Sur están tan ancladas en nuestro sistema administrativo territorial como Andalucía o Navarra para ustedes. La propuesta marroquí de Autonomía es muy amplia. Además la región es cada vez más inestable, ahí está el preocupante terrorismo del Sahel, con europeos y españoles secuestrados por organizaciones satélites de Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI). Por otro lado, cada vez más tribus saharauis están volviendo a Marruecos, lo de Tinduf es un drama humano y sin futuro a medio plazo, ¡también ha habido Primavera Árabe y revueltas juveniles en el seno del Polisario! Marruecos nunca ha asesinado a ciudadanos españoles, el Frente Polisario como usted sabe sí, ametralló incluso pesqueros.
—¿Y la histórica reclamación marroquí sobre Ceuta y Melilla?
—Ceuta y Melilla es una reivindicación histórica marroquí, que confiamos resolver con el tiempo y en el marco de una buena amistad. Y desde luego ese escollo no debe ser problema para avanzar en otras muchas cuestiones. Insisto en el diálogo.
—Solo en 2011, forzaron la entrada en Ceuta desde Marruecos más de 1.250 emigrantes clandestinos, más del doble que en 2010. Con todos los controles que hay, ¿cómo es posible?
—Puede haber situaciones locales que en un momento dado se desborden. Pero en cualquier caso me consta que desde finales de 2011 Marruecos ha implementado notablemente las medidas de seguridad en el perímetro fronterizo, es público y notorio. Hacen falta más efectivos humanos uniformados y estamos buscando la forma de que se establezcan permanentemente en la zona. Marruecos asume sus compromisos de control migratorio.
—¿Es el terrorismo islamista una amenaza para Marruecos y los países occidentales?
—Yo no lo definiría exactamente como "islamista", emplearía más bien los términos "terrorismo global". El Islam está contra el terrorismo y condena sin paliativos el asesinato de mujeres, de niños y de civiles. No es lícito manipular versos del Sagrado Corán y sacarlos de su contexto. Sin duda pueden cometer aún actos terroristas en varios lugares, pero nunca conseguirán su objetivo. Mire, aún sueño a veces con los terribles atentados de Casablanca y Madrid, mi emocionado encuentro en España con las familias de las víctimas del 11-M me ha dejado un recuerdo imborrable.