AGENCIAS. WASHINGTON.
El asesinato de tres personas vinculadas con un consulado de EEUU en Ciudad Juárez, incluidos dos ciudadanos estadounidenses, ha hecho sonar las alarmas en Washington por la narcoviolencia en México, que nuevamente subraya la urgencia de frenar el flujo de armas ilegales a ese país. Miembros de la Agencia Federal de Investigaciones (FBI) de EEUU participarán en la investigación del asesinato.
Se trata del ataque frontal más reciente del crimen organizado contra empleados del Gobierno estadounidense en México desde 1985, cuando Enrique ´Kiki´ Camarena, un agente encubierto de la Dirección Estadounidense Antidrogas (DEA) fue secuestrado, torturado y asesinado a manos de narcotraficantes. La dimensión y el simbolismo del ataque del sábado fueron tal que el asunto llegó a las esferas presidenciales en Washington y México, y ambos gobiernos prometieron castigar a los responsables.
Los fallecidos son una mujer estadounidense que trabajaba en el consulado, así como su esposo, también estadounidense, y el marido de una empleada mexicana de la oficina consular. Los ataques ocurrieron pasadas las dos de la tarde del sábado (20:00 GMT) en dos hechos separados, pero casi simultáneos, cuando circulaban en sus vehículos y que, según los primeros indicios, iban dirigidos directamente contra las víctimas.
En el primer ataque murieron la mujer y el hombre estadounidenses al ser perseguidos y tiroteados por la zona centro de la ciudad, cerca de un puente fronterizo con El Paso, Texas. Una niña de "escasos meses" sobrevivió.
México no reveló la identidad de las víctimas ni su relación con el consulado, pero en un comunicado la Subprocuraduría de Justicia de Juárez informó que la mujer recibió un tiro en el lado derecho de la cabeza y que el hombre fue herido en el cuello y en el brazo izquierdo.
El esposo de la empleada mexicana del consulado, que tenía 37 años, fue baleado al volante de su camioneta. Dos niños, de cuatro y siete años, que iban con él sufrieron lesiones, según la Subprocuraduría de Justicia. Las primeras hipótesis apuntan a que los responsables del crimen fueron miembros de la pandilla denominada Los Aztecas, brazo armado del cártel de Juárez. La sede del Consulado estadounidense permanece cerrada en Ciudad Juárez.
El presidente de EEUU, Barack Obama, está "profundamente entristecido e indignado" por los "asesinatos brutales" de una empleada y su esposo, ambos ciudadanos estadounidenses, y el cónyuge de una funcionaria mexicana, dijo Mike Hammer, portavoz del Consejo de Seguridad Nacional.
El presidente de México, Felipe Calderón, expresó su "indignación" por estos asesinatos, y reiteró "su inquebrantable compromiso del Gobierno de México con el esclarecimiento de estos graves crímenes. El despliegue militar del Gobierno mexicano contra los narcos es elogiado en los pasillos del Congreso de EEUU, donde los legisladores aseguran que el aumento en la violencia es la respuesta predecible de bandas cada vez más acorraladas.