AGUSTÍN DE GRACIA. BAGDAD.
En una jornada que comenzó con numerosas explosiones que causaron al menos 38 muertos, los iraquíes desafiaron ayer las amenazas terroristas y concurrieron a las urnas para elegir un nuevo Parlamento.
Para esta elección, clave para la consolidación democrática del país, estaban convocados a las urnas 18,9 millones de votantes.
Del Parlamento elegido saldrá la próxima coalición gobernante, y los diputados se encargarán también de designar al nuevo presidente, con menores funciones ejecutivas que el primer ministro.
Desde primeras horas de la mañana, en las calles de Bagdad la imagen más frecuente era la de electores dirigiéndose a pie a los centros de votación, ya que durante la mañana rigió la prohibición al tráfico de vehículos que se mantuvo hasta el mediodía.
El silencio de la ciudad sólo quedaba roto por las explosiones que se oían por distintos puntos de la ciudad, en la mayoría de las ocasiones por granadas lanzadas por desconocidos.
Según dijeron fuentes policiales, las explosiones causaron 38 muertos y unos ochenta heridos, la mayoría en Bagdad, una cifra de víctimas relativamente baja comparada con la que se vivió en otras fechas con menos importancia política que la de ayer.
"Yo he votado y no me importan las explosiones", dijo el funcionario público Abu Ali, de 32 años, en un colegio electoral del área de Bagdad próxima al aeropuerto.
"Estamos acostumbrados a estas bombas y creo que algunos de estos grupos están apoyados por el gobierno para atemorizar a los suníes", afirmó por su parte el también funcionario Abu Sayad, de 40 años.
Una coalición terrorista con estrechos lazos con Al Qaeda había advertido que impediría esta votación, y su amenaza se cumplió prácticamente después de que comenzaran las elecciones, a las 07.00, hora local (04.00 GMT).
El más sangriento de los ataques tuvo lugar en el distrito de Ur, en el este de la capital, donde dos granadas de mortero que cayeron sobre dos edificios mataron a 25 personas y causaron 19 heridos, según fuentes del Ministerio del Interior.
Las otras víctimas se registraron en otros puntos de la capital, también por granadas de mortero, artefactos explosivos medianos o cohetes katiusha lanzados por desconocidos, aunque también hubo ataques en las provincias de Diyala, Nínive y Anbar.
Las granadas cayeron incluso en la fortificada ´zona verde´ de la capital, donde se encuentran varios ministerios y embajadas, pero en ese área no hubo víctimas.
En un recorrido hecho por Efe por varios centros de votación de esta capital hasta el mediodía se notó escasa afluencia de votantes, buena organización, ausencia de propaganda y, sobre todo, fuertes medidas de seguridad.
La ciudad comenzó poco a poco a recuperar el ritmo normal a partir del mediodía, cuando las autoridades permitieron la libre circulación de vehículos.
Pero al menos en un de los controles que pasó Efe sólo permitían un mínimo de tres pasajeros, aparentemente para evitar el paso de coches-bomba que suelen ir ocupados por una sola persona.
En declaraciones a la televisión tras ejercer el sufragio, el primer ministro iraquí, Nuri al Maliki, que aspira a la reelección, expresó su deseo de que las explosiones no desalienten a los votantes.
"Estos ataques no van a afectar en absoluto al estado de ánimo de los iraquíes", afirmó Al Maliki.
Las autoridades electorales no han precisado cuándo podrán estar listos los resultados finales. En los últimos comicios, los provinciales de enero de 2009, tardaron casi un mes, y se espera que el plazo para esta ocasión sea parecido.