HANNS-JOCHEN KAFFSACK. ROMA/MILÁN.
Con la cara bañada en sangre, el labio inflamado, lesiones en nariz y ojos que parecen preguntar indignados "¿quién me odia tanto?", el primer ministro italiano, Silvio Berlusconi tuvo que contemplar la mañana después la imagen que dejó de él un milanés desequilibrado.
Ayer, el mandatario de 73 años de edad exigió de inmediato que le trajeran los periódicos tras pasar una mala noche en que sufrió fuertes dolores de cabeza en el hospital milanés de San Raffaele. Lo que le sucedió a Berlusconi después de un acto electoral en la explanada frente a la catedral de Milán cuando se disponía a subir en su coche, dio de inmediato la vuelta al mundo.
Italia está conmocionada y se acuerda de los violentos incidentes del pasado protagonizados por extremistas de izquierdas y de derechas. Berlusconi pudo comprobar en su cama de convaleciente en el hospital San Raffaele que todos los diarios condenaban la violencia en la política y en la sociedad con grandes titulares, aunque también incidían en el viciado clima político que impera en el país.
La guerra frontal a un hombre al que le gusta dejar de lado al Parlamento y que parece amar una política absolutista, no parece haber terminado del todo. Aunque la oposición mostró al unísono su rechazo a la violencia en la política, hubo voces disonantes. Menos consternados se mostraron dos de los más acérrimos enemigos de Berlusconi: "Lamento la violencia, pero él ha creado un clima de odio", opinó Antonio Di Pietro del Partido Anti Corrupción IdV (Italia de los Valores) acerca del jefe de gobierno conservador, que esta semana debe comparecer de nuevo ante tribunales por un supuesto soborno.
"Ahora no puede sentirse como una víctima", arremetió también Rosy Bindi del principal partido opositor PD (Partido Democrático). Bindi fue la destinaria de las drásticas y ofensivas declaraciones del mujeriego mandatario que la calificó de "más bonita que inteligente". Algo así también envenena. Así que una vez más el muy estimado presidente italiano, Giorgio Napolitano, como hombre conciliador que es intentó calmar los ánimos: "La política debe regresar a los límites de la decencia civil".
Si en Internet más de uno se alegra a hurtadillas de la violencia acaecida en Milán y el autor psicológicamente inestable es aclamado como "hombre del año", Berlusconi puede ser definido con más razón como víctima del odio. El milanés Massimo Tartaglia por lo visto tiene en Internet un club de fans al que se han unido más de 50.000 personas. Según observadores, el incidente parece que dará buenas cartas a quienes pretenden beneficiar políticamente al mandatario asediado por escándalos.
Tres meses antes de las elecciones regionales la crisis en torno a Berlusconi en Italia ha dado un giro inesperado el día en el que el primer ministro quiso dar en Milán un golpe de efecto e impulsar la movilización del electorado. Sin embargo, se convirtió en un día en el que el hombre que posee un imperio mediático no sólo tuvo que soportar fuertes dolores. Sino que tuvo que contemplar cómo su rostro ensangrentado y desfigurado daba la vuelta al mundo. Aun así, no es previsible que el incidente tenga para él repercusiones políticas negativas