Arabia Saudí. Monarquía
ANNE-BEATRICE CLASMANN. JEDDAH.
Los palacios de la familia real de Arabia Saudí se encuentran escondidos detrás de altos muros. La dinastía gobernante Ibn Saud sin embargo no es sólo discreta en lo que respecta a la protección de su esfera privada. A menudo tampoco se da a conocer inmediatamente a la población el significado de las decisiones personales que se toman detrás de las pesadas puertas del palacio. Por eso una y otra vez circulan las especulaciones sobre supuestas intrigas y cambios de poder en la cima del reino islámico.
En estos días se discute intensamente, sobre todo, el asunto de cómo el rey Abdullah organizará su sucesión, aunque sólo en secreto. En el reino islámico no hay tema tan delicado como la sucesión del monarca. Los últimos nombramientos del rey dieron origen a las actuales especulaciones. Esta semana valorizó el papel del ministro de Relaciones Exteriores, príncipe Saud al Faisal, al nombrar al mundano príncipe presidente del influyente consejo de economía.
Al mismo tiempo dejó ascender al viceministro de Interior príncipe Mohammed bin Naif, hijo del ministro de Interior príncipe Naif, a este comité. Con esta acción el rey se acerca por segunda vez al príncipe Naif, a pesar de que éste es más bien conservador, a diferencia del rey, considerado de orientación reformista. En marzo de este año el rey ya había nombrado al príncipe Naif segundo viceprimer ministro, un puesto que para el mismo Abdullah había servido antaño de trampolín para su nombramiento como sucesor al trono. El debate en torno a la sucesión se ve adicionalmente avivado por el hecho de que el príncipe heredero Sultan bin Abdulaziz, quien al igual que el príncipe Naif es medio hermano del rey, no goza actualmente de buena salud.
En los últimos años el príncipe heredero pasó mucho tiempo en reposo en su palacio en Marruecos. La casa real insistió entretanto en que el sucesor a la corona estaría camino a una mejora, y que el retorno a su patria sería cuestión de semanas. De todas formas aquellos saudíes que están a favor de la libertad de opinión, los derechos de la mujer y las reformas al sistema educativo le desean al rey Abdullah, que tiene unos 85 años, una vida lo más larga posible. Bajo su dirección por primera vez una mujer fue nombrada viceministro, un paso revolucionario en un país donde hasta el momento las mujeres no pueden ni conducir ni votar.
El príncipe Naif, en cambio, no es considerado particularmente partidario de la emancipación femenina. Durante una conferencia de prensa en la ciudad portuaria de Jeddah declaró hace poco: "Un hombre que deja que su hija o su mujer trabaje para otro hombre como secretaria, no es un auténtico hombre". "Desde el punto de vista de las fuerzas reformistas en Arabia Saudí, el rey Abdullah es el reformador más importante", dice Walid Abu al-Cheir, de 30 años de Jeddah, quien junto a una docena de simpatizantes de las mismas ideas publica una carta en Facebook.
En Arabia Saudí, el país de los lugares sagrados del Islam, los reformistas sólo han tenido éxito si son al mismo tiempo respetados como guardianes de la tradición. "Esta universidad ha sido mi sueño por más de 25 años", dijo el rey el pasado 23 de septiembre, cuando inauguró en una zona desértica a 80 kilómetros de Jeddah la Universidad de Ciencia y Tecnología, la única universidad del país donde las mujeres pueden estudiar junto con los hombres.
"Si nuestro rey necesita 25 años para hacer su sueño realidad, ¿cuánta paciencia debemos entonces reunir nosotros?", pregunta Fuad al Farhan, un blogger de Jeddah. El especialista de software Al- Farhan, cuyo apellido significa "el alegre", fue arrestado en diciembre de 2007 debido a sus publicaciones críticas dedicadas a temas de democracia y derechos humanos. Estuvo cuatro meses en prisión.