Discreto, hábil negociador y experto en lograr consensos. Esos son los términos utilizados habitualmente para definir al político belga Herman Van Rompuy, elegido primer presidente estable de la Unión Europea (UE).
Prácticamente desconocido hasta hace unos días fuera de Bélgica y sin experiencia internacional, la reputación de Van Rompuy, de 62 años, no ha hecho más que crecer en su país desde que se hizo cargo del Gobierno, casi a su pesar, en diciembre del pasado año. .
Sin experiencia en la política europea, se considera a Van Rompuy un gran defensor de la integración comunitaria y de la cooperación con Estados Unidos. Por sus creencias religiosas, defiende una Europa cristiana, en la que no tendría sitio Turquía, según dijo hace cinco años en un debate en el Parlamento belga, que la extrema derecha del país no ha tardado en recordar en cuanto su nombre comenzó a sonar para presidir la Unión Europea. Van Rompuy está considerado un político de la "vieja escuela", profundamente católico, que paradójicamente ha dirigido un país muy progresista en materia de derechos sociales.