EFE. WASHINGTON.
La mayor parte de los 30 heridos en el tiroteo ocurrido el jueves en la base de Fort Hood (Texas, EEUU) siguen hospitalizados, pero la cifra de víctimas habría sido mayor si no fuera por el heroísmo de algunas personas, cuyas historias han comenzado a conocerse.
"Es posible que algunos sufran secuelas físicas de por vida, pero no hay duda de que el impacto psicológico será para siempre", dijo Roy Smythe, jefe del departamento de cirugía del Hospital Scott and White, que ha tratado a diez de los heridos.
El mayor Malike Nadal Hasan, de 39 años, identificado como el atacante, está internado en un hospital de San Antonio en situación crítica, pero estable, y sigue inconsciente.
Mientras, los cuerpos de los 12 soldados y un civil que murieron en el tiroteo llegaron el viernes por la noche al aeropuerto militar de Dover, en Delaware, la base a la que son trasladados también los féretros de los caídos en Afganistán e Irak.
Hasan disparó más de 100 balas con dos pistolas, una de ellas semiautomática, y fue capaz de asesinar y herir a tantas personas en tan sólo cinco minutos porque el edificio donde abrió fuego estaba abarrotado de soldados que se examinaban la vista o rellenaban formularios médicos, según informó el Ejército.