CAN MEREY. KABUL.
Quince millones de papeletas están ya impresas y preparadas en las provincias afganas para la segunda vuelta electoral del próximo sábado, en la que los afganos debían decidir definitivamente si iban a ser gobernados por el presidente Hamid Karzai o por el ex ministro de Exteriores Abdulá Abdulá.
La votación debía acabar de una vez por todas con el caos electoral que desde hace ya casi dos meses y medio paraliza no sólo Afganistán, sino también decisiones estratégicas en Washington.
La primera vuelta, marcada por un fraude masivo, al menos habría cobrado con esta segunda votación una mínima apariencia de legitimidad. Pero toda esperanza quedó truncada ayer, después de que Abdulá anunciara que no participará en la nueva vuelta.
El anuncio de Abdulá plantea un dilema para Afganistán: la Constitución ni siquiera contempla la retirada de un candidato en una segunda vuelta electoral. El artículo 61 subraya con claridad que sólo quien obtiene una mayoría absoluta en la primera vuelta, que Karzai no alcanzó por poco en los resultados corregidos, es el candidato ganador.
Puesto que ningún candidato superó la barrera del 50 por ciento, fue necesario convocar una segunda vuelta. La IEC ya confirmó que la votación tendrá lugar, aun con la ausencia de Abdulá.
El proceso electoral "se ha convertido en una farsa", aseguró Thomas Ruttig, de Afganistan Analysts Network. "El asunto se ha convertido en un embrollo total. Así no puede surgir un gobierno legítimo".
Lo contrario sostuvo la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, que en una conferencia de prensa desde Jerusalén sostuvo que la renuncia de Abdulá "no afecta en ningún caso la legitimidad" del proceso.
En contra de lo decidido por la comisión, la comunidad internacional quiere evitar una nueva votación, en la que la seguridad volvería a recaer en los soldados extranjeros, a pesar de que la elección no merece este nombre.
En vista de las amenazas masivas por parte de los talibanes, casi ningún afgano querrá arriesgar su vida para depositar su voto, cuando de todas formas sólo concurre un candidato. Aunque Karzai tiene la victoria asegurada, en caso de que la participación sea mínima su gobierno apenas tendría legitimidad democrática.