El sol no había salido aún en Estados Unidos cuando la noticia de que su presidente, Barack Obama, había ganado el Premio Nobel de la Paz deslumbraba ya a los pocos despiertos en el país y los teléfonos de todas las oficinas políticas y redacciones empezaban a sonar de forma ininterrumpida.
Pero antes que nada, la decisión de Estocolmo causó más incredulidad que orgullo en una nación que normalmente acostumbra a celebrar por todo lo alto una victoria, cualquiera que sea.
"¡¡¡Wow!!!! (¡¡¡uauh!!!), alcanzó a decir el portavoz de la Casa Blanca, Robert Gibbs, al conocer una noticia que tomó a todo el gobierno desprevenido.
El propio laureado no ocultó su sorpresa cuando, horas después de que su nombre colapsara los titulares de los diarios de todo el mundo, salió al jardín de la Casa Blanca a comentar el galardón. "No es como esperaba despertarme esta mañana", admitió con una sonrisa y reveló detalles íntimos del momento en que conoció la noticia. Su hija mayor, Malia, de 14 años, "entró y me dijo: Papá, has ganado el Premio Nobel de la Paz y es el cumpleaños de Bo", el perro de la Casa Blanca, contó. Su hija menor, Sasha, añadió: "Y además viene un fin de semana de tres días". "Es bueno tener niños que te permitan mantener la perspectiva de las cosas", agregó Obama.
Y es que la noticia sorprendió a propios y ajenos en todo el país. "¿Cómo?", fue la pregunta más coincidente de los medios mientras se escuchaban las razones del Comité Nobel de otorgarle el más reputado galardón del mundo a un presidente que no lleva ni un año en el poder.
"Sorpresa despampanante", admitió el diario The New York Times en su primera reacción a la noticia, mientras los comentaristas de las cadenas noticiosas no ocultaban sus expresiones de absoluto asombro. CNN recordó que "Obama ni siguiera figuraba en la lista de los favoritos" para ganar el premio. Mucho más crítico fue el conservador The Wall Street Journal, que puso en su web un "¿Por qué?" adjunto a la noticia de una decisión que llegó a calificar de "estrambótica" y "posmoderna".