Reportaje. Los griegos se preparan para cambiar mañana de gobierno
RAMÓN SANTAULARIA/EFE. ATENAS.
El primer ministro griego, Costas Caramanlis, y su principal rival, el socialista Giorgos Papandreu, favorito para las elecciones generales del domingo próximo, cerraron ayer una fugaz campaña electoral con sendos mítines y el punto de mira puesto en la delicada situación económica del país. Caramanlis, un político conservador de 53 años que dirige el Partido de la Nueva Democracia, se despidió de la campaña (y probablemente del poder), con un mitin en el centro de Atenas, mientras que su rival socialdemócrata, que roza la victoría, se dio un baño de masas en la ciudad portuaria de Patras.
Tanto en círculos políticos como diplomáticos se da por segura la victoria de Papandreu, aunque con un margen variable que podría dejarle sin la mayoría absoluta (151 diputados) de una Cámara con 300 asientos. La actual legislación prevé que el partido más votado obtenga automáticamente 40 escaños más, lo que le da una ventaja considerable frente a su contrincante más inmediato.
La campaña ha reflejado la crítica situación económica que atraviesa el país y sus posibles soluciones, incluido un ambiguo paquete para reactivar la economía nacional que ha presentado Papandreu, sin detallarlo, y cuyo monto sería de 8.000 millones de euros. Caramanlis ha rechazado de plano el plan, tachándolo de despilfarro, aunque tampoco ha ofrecido alternativas creíbles para corregir desfases como el déficit público, que puede alcanzar el 7%.
Papandreu ha omitido la palabra "austeridad" en la campaña y se ha volcado en una política kenynesiana de relanzar la economía con la inversión pública: la misma teoría del socialismo español, que en Grecia sí vende. Y Caramanlis, mientras, parafrasea a Rajoy para vender "austeridad", política que no le ha servido para llegar con demasiadas opciones a unas urnas en las que solo la economía importa.