EFE. PITTSBURGH.
Los países del G20, reunidos hoy en Pittsburgh, han decidido convertirse en el árbitro que dirija la economía internacional, lo que les dotará de más poder para impulsar las reformas financieras necesarias para afrontar la crisis.
En un comunicado, la Casa Blanca explica que esta decisión se debe a los "cambios espectaculares que se están produciendo en la economía mundial, y que no siempre se reflejan en la arquitectura global para la cooperación económica".
"Pero esto ha empezado a cambiar hoy", añade el comunicado, la explicar que "los líderes del G-20 han alcanzado un acuerdo histórico para poner a este grupo en el centro de sus esfuerzos para trabajar juntos en la construcción de una recuperación duradera y en la eliminación de las debilidades que condujeron a esta crisis".
La decisión de poner al G–20 en el centro de las decisiones económicas supone, de hecho, un cambio en la estructura económica internacional, que hasta ahora tenía el grupo de los siete países más ricos y Rusia, el llamado G–8, como el foro de referencia donde se tomaban este tipo de decisiones.
Pero la debacle financiera que apareció tras el hundimiento de Lehman Brothers, hace un año, hizo necesaria la instauración de un nuevo foro en el que tuvieran voz los países emergentes, y el elegido fue el G–20, un grupo que hasta entonces había pasado desapercibido de la escena internacional.